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Mensajes de
La Primera Presidencia
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| El
Maestro habló de
riquezas que están al alcance de todos, incluso
un gozo
indescriptible en esta vida y felicidad eterna en
el más allá. |
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| Se
ha dicho que “cada día de su vida es una
ocasión especial…
Cada día, cada hora
y cada minuto son
especiales”. |
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| El
antiguo adagio:
“No dejes para mañana
lo que puedas hacer
hoy” es doblemente
importante en lo referente a expresar
nuestro amor y afecto
a los familiares y
amigos. |
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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Un
tesoro
de valor eterno
POR
EL PRESIDENTE THOMAS S. MONSON
Liahona,
Abril 2008, págs. 2 – 7 |
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Cuando
era niño, me gustaba leer La isla
del tesoro, de Robert Louis Stevenson.
También veía películas de aventuras
donde varias personas tenían trozos
de un mapa bastante gastado que conducía
a un tesoro escondido si tan sólo
podían encontrar todas las piezas
de dicho mapa.
Recuerdo que todas las tardes oía
un programa de radio de quince minutos
que se llamaba Jack Armstrong, el
jovencito americano ideal. Cuando
empezaba, se oía una voz llena de
misterio: “Vamos ahora con Jack y
Betty, que se
acercan a la fabulosa entrada secreta
del cementerio de los elefantes, donde
está escondido un tesoro. Pero cuidado,
en el camino el peligro acecha”. Nada
podía despegarme de ese programa;
era como si yo estuviese al frente
de la búsqueda del tesoro escondido
del valioso marfil. |
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En
otra época y en un entorno diferente,
el Salvador del mundo habló de tesoros.
En Su Sermón del Monte, Él dijo:
“No os hagáis tesoros en la tierra,
donde la polilla y el orín corrompen,
y donde ladrones minan y hurtan;
“sino haceos tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el orín corrompen,
y donde ladrones no minan ni hurtan.
“Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón”1.
La recompensa prometida no era un
tesoro de marfil, ni de oro ni de
plata; tampoco consistía en hectáreas
de tierra ni en una cartera de acciones.
El Maestro habló de riquezas que están
al alcance de todos, incluso un gozo
indescriptible en esta vida y felicidad
eterna en el más allá.
He decidido proporcionarles las tres
piezas de su mapa del tesoro para
guiarlos a su felicidad eterna.
Son éstas:
1. Aprendan del pasado.
2. Prepárense para el futuro.
3. Vivan en el presente.
Examinemos cada segmento del mapa. |
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Aprendan
del pasado
Cada uno de nosotros tiene un patrimonio,
ya sea de antepasados pioneros, de
los que más tarde se hicieron conversos
o de otros que influyeron en nuestra
vida. Ese patrimonio proporciona un
fundamento que se ha edificado en
el sacrificio y en la fe. Nuestro
es el privilegio y la responsabilidad
de edificar sobre esos cimientos firmes
y estables.
Una historia escrita por Karen Nolen,
publicada en la revista New Era, nos
habla de Benjamín Landart, quien en
1888 tenía 15 años de edad y era un
excelente violinista. Para él, vivir
en una granja del norte de Utah con
su madre y siete hermanos y hermanas
era a veces un desafío, ya que disponía
de menos tiempo del que le gustaría
tener para tocar el violín. A veces
su madre tenía que guardar el violín
bajo llave hasta que él terminara
las tareas de la granja, debido a
la gran tentación que era para Benjamín
tocarlo.
A fines de 1892, se le pidió viajar
a Salt Lake para participar en una
audición con el fin de formar parte
de la orquesta territorial. Para él,
eso era un sueño hecho realidad. Después
de varias semanas de práctica y de
oraciones, viajó a Salt Lake en marzo
de 1893 para la esperada audición.
Cuando el director, un tal señor Dean,
oyó a Benjamín tocar, dijo que el
joven era el mejor violinista que
había oído en toda la región al oeste
de Denver. Se le informó a Benjamín
que se mudara a Denver para los ensayos
de otoño, que ganaría lo suficiente
para sostenerse a sí mismo y que tendría
dinero sobrante para mandar a casa.
Sin embargo, una semana después de
que Benjamín recibió las buenas noticias,
su obispo lo llamó a su oficina y
le preguntó si no podría posponer
tocar con la orquesta durante dos
años. |
El obispo le dijo que antes de que
empezara a ganar dinero, había algo
que le debía al Señor; luego le pidió
a Benjamín que aceptara un llamamiento
a la misión.
Benjamín pensó que el renunciar a
la oportunidad de tocar en la orquesta
territorial sería algo que casi no
podría soportar, pero también sabía
cuál debía ser su decisión. Le prometió
al obispo que si había alguna manera
de reunir el dinero necesario para
servir, aceptaría el llamamiento.
Cuando Benjamín le dijo a su madre
acerca del llamamiento, ella estaba
rebosante de alegría.
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Le dijo que el padre de él siempre
había deseado servir en una misión
pero había muerto antes de que le
llegara la oportunidad de hacerlo.
No obstante, cuando hablaron del aspecto
financiero de la misión, el rostro
de ella se ensombreció. Benjamín le
dijo
que no permitiría que ella tuviera
que vender más de sus tierras. Ella
lo miró con detenimiento y luego le
dijo: “Ben, hay una manera de recaudar
el dinero. Esta familia posee algo
que tiene suficiente valor para enviarte
a la misión.
Tendrás que vender tu violín”.
Seis días más tarde, el 23 de marzo
de 1893, Benjamín escribió lo siguiente
en su diario: “Esta mañana desperté
y saqué el violín del estuche. Todo
el día toqué la música que más me
gusta. En la noche, cuando se atenuó
la luz y ya no pude ver para seguir
tocando, puse el instrumento en el
estuche. Será suficiente. Mañana salgo
[para la misión]”.
Cuarenta y cinco años más tarde, el
23 de junio de 1938, Benjamín escribió
en su diario: “La decisión más importante
que he tomado en mi vida fue la de
dar algo que yo amaba tanto al Dios
a quien amaba aún más. Dios nunca
me ha
olvidado por ello”2.
Aprendan del pasado. |
Prepárense
para el futuro
Vivimos en un mundo cambiante; la
tecnología ha alterado casi cada aspecto
de nuestras vidas. Debemos hacer frente
a estos adelantos —incluso a esos
cambios catastróficos— en un mundo
en el que nuestros antepasados nunca
soñaron.
Recuerden la promesa del Señor: “…si
estáis preparados, no temeréis”3.
El temor es el enemigo mortal del
progreso.
Es necesario preparar y planificar
a fin de no desperdiciar nuestras
vidas. Sin una meta, no se puede lograr
el verdadero éxito. Una de las mejores
definiciones del éxito que he escuchado
es más o menos así: El éxito es la
realización progresiva de un ideal
encomiable. Alguien ha dicho que el
problema de no tener una meta es que
podemos pasar la vida ocupados sin
lograr nada que valga la pena.
Hace años había una canción romántica
e imaginativa que tenía estas palabras:
“El sólo desearlo lo hará realidad;
sólo sigue deseando y tus inquietudes
se esfumarán”.4
Quiero declarar aquí y ahora que el
desear no reemplazará la preparación
minuciosa para afrontar las pruebas
de la vida.
La preparación es trabajo arduo, pero
es absolutamente esencial para nuestro
progreso.
Nuestra jornada hacia el futuro no
será una carretera llana que se extienda
de aquí a la eternidad; por el contrario,
habrá bifurcaciones y bocacalles y,
naturalmente, baches inesperados.
Debemos orar a diario a un Padre Celestial
amoroso, que desea que cada uno de
nosotros triunfe en la vida.
Prepárense para el futuro.
Vivan en el presente
A veces permitimos que los pensamientos
del mañana ocupen demasiado del presente.
El soñar en el pasado y añorar el
futuro quizás brinde consuelo, pero
no tomará el lugar de vivir en el
presente. Hoy es el día de nuestra
oportunidad y debemos aprovecharla.
El profesor Harold Hill, en la obra
The Music Man, de Meredith Wilson,
hizo la advertencia: “Si amontonas
suficientes
mañanas, descubrirás que has coleccionado
muchos ayeres vacíos”.
No habrá mañanas que recordar si no
hacemos algo hoy, y a fin de vivir
hoy más plenamente, debemos hacer
lo
que es de mayor importancia. No dejemos
para después las cosas que son más
importantes.
Recuerdo haber leído el relato acerca
del hombre que, poco después del fallecimiento
de su esposa, abrió el cajón de la
cómoda donde encontró una prenda que
ella había comprado cuando habían
visitado el este de los Estados Unidos
hacía nueve años. Ella no se la había
puesto porque la estaba guardando
para una ocasión especial.
Ahora, por cierto, esa ocasión jamás
llegaría. Al relatar la experiencia
a una conocida, el esposo de la fallecida
dijo: “No guarden algo sólo para una
ocasión especial. Cada día de su vida
es una ocasión especial”.
Esa amiga dijo más tarde que esas
palabras cambiaron su vida; le sirvieron
para dejar de poner para después lo
que era más importante para ella.
Dijo: “Ahora dedico más tiempo a mi
familia; uso la mejor vajilla todos
los días; me pongo ropa nueva para
ir al supermercado si eso es lo que
quiero. Las palabras ‘algún día’ y
‘un día’ están desapareciendo de mi
vocabulario. Ahora hago tiempo para
llamar a mis familiares y amistades.
He llamado a viejas amigas con las
cuales había tenido algunas diferencias,
para reconciliarnos; digo a mis familiares
lo mucho que los quiero. Trato de
no demorar ni dejar para después algo
que podría traer sonrisas y alegría
a nuestra vida. Y todas las mañanas
me convenzo a mí misma de que será
un día especial. Cada día, cada hora
y cada minuto son especiales”.
Hace muchos años, Arthur Gordon compartió
en una revista un ejemplo maravilloso
de esta filosofía; él escribió: “Cuando
yo tenía más o menos 13 años y mi
hermano 10, papá prometió llevarnos
al circo, pero al mediodía sonó el
teléfono; un asunto urgente requería
su atención. Nos preparamos para la
desilusión, pero luego lo oímos decir
en el teléfono: ‘No, no estaré allí;
eso tendrá que esperar’.
“Cuando él volvió a la mesa, mamá
sonrió. ‘El circo viene a cada rato,
¿no?’, dijo ella.
“ ‘Lo sé’, dijo papá, ‘pero no la
niñez’”5. |
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El
élder Monte J. Brough, que fue miembro
de los Setenta, relata de un verano
en la casa de su niñez en Randolph,
Utah, cuando él y su hermano menor
Max decidieron construir una casita
en un árbol del patio de atrás. Hicieron
planes para la creación más bella
de sus vidas; recogieron materiales
de construcción de todo el vecindario
y los subieron a una parte del árbol
donde dos de las ramas proporcionaban
un sitio ideal. Fue difícil y estaban
ansiosos de terminar.
El imaginarse la casita terminada
les daba gran motivación para terminar
el proyecto. Trabajaron durante todo
el verano y, por fin, en el otoño,
justo antes de que se iniciara la
escuela, la terminaron.
El élder Brough dijo que nunca olvidará
los sentimientos de alegría y satisfacción
que sintieron cuando por fin pudieron
disfrutar de los frutos de su trabajo.
Se sentaron en la casita, le echaron
un vistazo, bajaron del árbol y nunca
más regresaron. El proyecto terminado,
aunque era maravilloso, no pudo retener
el interés de ellos ni siquiera un
día. En otras palabras, el proceso
de planificar, recoger, edificar y
trabajar — no el proyecto terminado—
proporcionó la satisfacción y el placer
perdurables que habían experimentado.
Disfrutemos de la vida en el momento
de vivirla y, como lo hicieron el
élder Brough y su hermano Max, en
el trayecto encontremos alegría. |
No
demoren
El antiguo adagio: “No dejes para
mañana lo que puedas hacer hoy” es
doblemente importante en lo referente
a expresar nuestro amor y afecto —en
palabra y en hechos— a nuestros familiares
y amigos. La escritora Harriett Beecher
Stowe dijo: “Las lágrimas amargas
que se derraman ante el sepulcro son
por palabras que no se dijeron y hechos
que no se
hicieron”6.
Un poeta compuso un verso del pesar
que se siente por oportunidades que
se han perdido para siempre. Cito
una parte:
Tengo
un amigo a la vuelta de la esquina,
en esta ciudad que no tiene
fin.
Días pasan, semanas vuelan,
y de pronto un año se ha ido
ya.
Nunca veo el rostro de mi viejo
amigo,
en esta rápida y veloz carrera
de la vida.
El mañana viene y el mañana
se va,
distanciándonos cada vez más.
A la vuelta de la esquina, pero
muy distantes aún…
“Un telegrama tiene, Señor…”;
“Jim murió hoy”.
Eso es lo que al final merecemos:
A la vuelta de la esquina, un
amigo que se ha ido. 7 |
Para mantener la esencia del significado
de ese verso, tomé la determinación
hace unos años de que ya no demoraría
más una visita a un querido amigo
a quien no había visto por muchos
años. Había tenido la intención de
visitarlo en California, pero simplemente
no lo había hecho.
Bob Biggers y yo nos conocimos en
el Centro de Capacitación de la Marina
de los Estados Unidos en San Diego,
California, hacia fines de la Segunda
Guerra Mundial. Nos hicimos amigos
desde el primer momento. Él visitó
Salt Lake City una vez antes de casarse;
continuamos siendo amigos por correspondencia
desde que yo fui relevado del servicio
militar en 1946. Todos los años, mi
esposa Frances y yo intercambiamos
tarjetas de Navidad con él y su esposa
Grace.
Finalmente, a principios de enero
de 2002, tenía programado visitar
una conferencia de estaca en Whittier,
California, donde viven los Biggers.
Llamé por teléfono a mi amigo Bob,
que ya tiene 80 años, e hice arreglos
para que nos reuniéramos con ellos
para recordar y hablar de los viejos
tiempos.
Tuvimos una visita muy agradable.
Yo llevé varias fotografías de cuando
habíamos estado juntos en la Marina
hacía 55 años. Identificamos a hombres
que conocíamos y nos pusimos al tanto
el uno al otro de su paradero lo mejor
que pudimos. Aunque no era miembro
de la Iglesia, Bob se acordaba de
haberme acompañado a una reunión sacramental
hacía muchos años cuando estuvimos
estacionados en San Diego.
Cuando Frances y yo nos despedimos
de Bob y Grace, sentí un enorme sentimiento
de paz y alegría por haber hecho,
por fin, el esfuerzo de ver una vez
más a un amigo a quien había apreciado
durante tantos años.
Un día, a todos se nos acabarán los
mañanas. No demoremos lo que es más
importante.
Vivan en el presente.
Su mapa del tesoro ya está armado:
Aprendan del pasado. Prepárense
para el futuro. Vivan en el presente.
Termino donde empecé, con las palabras
de nuestro Señor y Salvador:
“No os hagáis tesoros en la tierra,
donde la polilla y el orín corrompen,
y donde ladrones minan y hurtan;
“sino haceos tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el orín corrompen,
y donde ladrones no minan ni hurtan.
“Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón”8.
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| Notas |
1.
Mateo 6:19–21.
2. Véase “Benjamin: Son of the Right
Hand”, New Era, mayo de 1974, págs.
34–37.
3. D. y C. 38:30.
4. “Wishing (Will Make It So)”, letra
de B. G. DeSylva.
5. A Touch of Wonder, 1974, págs.
77–78. |
6. En Gorton Carruth y Eugene Ehrlich,
comp., The Harper Book of American
Quotations, 1988, pág. 173.
7. Charles Hanson Towne, “Around the
Corner”, en Poems That Touch the Heart,
comp. A. L. Alexander, 1941, pág.
1.
8. Mateo 6:19–21.
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