| |
 |
Mensajes de
La Primera Presidencia
 |
|
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| Parece
que no hubiera límites en el deseo que el Salvador
tiene de guiarnos hacia un
lugar seguro y existe
una constante en la
forma en que nos
enseña el camino.
Él llama utilizando
varios medios para que Su mensaje llegue a aquellos
que tengan la voluntad de
aceptarlo. |
|
| |
| |
| |
| |
| El
mejor momento
para haber decidido ayudar a Noé a construir el
arca fue la primera vez que él lo pidió; después,
cada vez que él pedía ayuda,
toda respuesta
negativa disminuía
la sensibilidad al
Espíritu. |
|
| |
| |
| |
| |
| La
experiencia de Lehi es un ejemplo de lo
que ocurre cuando
Dios nos aconseja a través de Sus siervos.
De la familia de Lehi, sólo los que tuvieron fe
y recibieron para sí la
confirmación de la
revelación vieron el
peligro y también
el camino a la
seguridad. |
|
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
|
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
| Mensaje de La
Primera Presidencia |
| |
Busquemos
seguridad
en el Consejo
POR EL PRESIDENTE HENRY B. EYRING
Liahona,
Mayo 2008, págs. 3 – 7 |
|
El
Salvador siempre ha sido el protector de
aquellos que aceptan Su amparo. En más de
una ocasión, Él ha dicho:
“…cuántas veces os hubiera juntado como
la gallina junta sus polluelos, y no quisisteis”
(3 Nefi 10:5; véase también, por ejemplo,
Mateo 23:37; D. y C. 29:2). El Señor expresó
el mismo lamento en nuestra propia dispensación
después de describir las varias formas en
que nos llama a buen resguardo: “¡Cuántas
veces os he llamado por boca de mis siervos
y por la ministración de ángeles, y por
mi propia voz y por la de los truenos y
la de los relámpagos y la de las tempestades;
y por la voz de terremotos y de fuertes
granizadas, y la de hambres y pestilencias
de todas clases; y por el gran sonido de
una trompeta, y por la voz del juicio y
de la misericordia todo el día; y por la
voz de gloria y de honra y la de las riquezas
de la vida eterna, y os hubiera salvado
con una salvación sempiterna, mas no quisisteis!”
(D. y C. 43:25).
Parece que no hubiera límites en el deseo
que el Salvador tiene de guiarnos hacia
un lugar seguro y existe una constante en
la forma en que nos enseña el camino. Él
llama utilizando varios medios para que
Su mensaje llegue a aquellos que tengan
la voluntad de aceptarlo; esos medios siempre
incluyen el enviar el mensaje por boca de
Sus profetas, siempre que la gente se haya
hecho acreedora de tener entre sí a los
profetas de Dios. A esos siervos autorizados
siempre se les manda que aconsejen a la
gente y les indiquen el camino a la seguridad.
La amonestación de un profeta
Cuando hubo graves conflictos en el norte
de Misuri, en el otoño de 1838, el profeta
José Smith extendió el llamado a todos los
Santos de los Últimos Días para que se congregaran
en Far West, a fin de que fueran protegidos.
Muchos de ellos estaban en granjas aisladas
o en poblados dispersos. Él aconsejó en
especial a Jacob Haun, fundador de un pequeño
poblado denominado Haun’s Mill. Un registro
de esa época dice: “El hermano José había
mandado avisar a los hermanos que vivían
allí, por intermedio del señor Haun, dueño
del molino, que abandonaran el lugar y se
fueran a Far West; pero el señor Haun no
les comunicó el mensaje”1.
Más tarde, el profeta José escribiría en
su historia personal: “Hasta este día, Dios
me había dado la sabiduría para salvar a
la gente que siguió mi consejo. Ninguno
de los que lo han hecho ha perdido la vida”2.
El Profeta luego prosiguió, escribiendo
la triste verdad de que vidas inocentes
podrían haberse salvado en Haun’s Mill si
se hubiera recibido y seguido su consejo.
En nuestra propia época, se nos ha prevenido
aconsejándonos cómo resguardarnos del pecado
y del dolor; una de las llaves para reconocer
esas precauciones es que se repiten. Por
ejemplo, en más de una ocasión, en las conferencias
generales, habrán oído a nuestro profeta
decir que citaría a un profeta anterior
y, por lo tanto, pasaba a ser un segundo
testigo y hasta a veces un tercero. Los
que tenemos la edad suficiente para escuchar,
oímos al presidente Spencer W. Kimball (1895–1985)
darnos consejo en cuanto a la importancia
que tiene la madre en el hogar, y más tarde
oímos al presidente Ezra Taft Benson (1899–1994)
citarle; y después oímos al presidente Gordon
B. Hinckley (1910–2008) citar a ambos3.
El apóstol Pablo escribió: “…Por boca de
dos o de tres testigos se decidirá todo
asunto” (2 Corintios 13:1). Una de
las maneras de saber que una advertencia
es del Señor es que se ha apelado a la ley
de los testigos, de testigos autorizados.
Cuando las palabras de los profetas parezcan
repetitivas, deben captar nuestra atención
y llenar nuestro corazón con gratitud por
vivir en una época tan bendecida. Para los
que tienen una fe firme, resulta razonable
buscar el camino hacia la seguridad en el
consejo de los profetas.
Cuando habla un profeta, los que tengan
poca fe pueden creer que sólo escuchan a
un hombre sabio que da buenos consejos.
Luego, si ese consejo parece cómodo y razonable,
y va de acuerdo con lo que ellos desean
hacer, lo aceptan; si no es así, consideran
que es un consejo falso o contemplan las
circunstancias que les rodean para justificarse
y de ese modo considerarse una excepción.
Los que no tienen fe pueden pensar que sólo
escuchan a hombres que tratan de ejercer
influencia por algún motivo egoísta; pueden
burlarse y mofarse, como lo hizo un hombre
llamado Korihor con estas palabras que se
encuentran en el Libro de Mormón: “y así
lleváis a este pueblo en pos de las insensatas
tradiciones de vuestros padres y conforme
a vuestros propios deseos; y los tenéis
sometidos, como si fuera en el cautiverio,
para saciaros del trabajo de sus manos,
de modo que no se atreven a levantar la
vista con valor, ni se atreven a gozar de
sus propios derechos y privilegios” (Alma
30:27).
Korihor razonaba, tal como los hombres y
las mujeres han razonado falsamente desde
el principio de los tiempos, que el aceptar
el consejo de los siervos de Dios es ceder
los derechos de independencia que Dios nos
ha dado.
Pero ese razonamiento es falso porque no
representa correctamente la realidad. Cuando
desechamos el consejo que proviene de Dios,
no escogemos ser independientes4
de las influencias externas, sino que elegimos
otra influencia.
Desechamos la protección de un Padre Celestial
perfectamente amoroso, todopoderoso, que
todo lo sabe, cuyo único objetivo, el mismo
que el de Su Hijo amado, es darnos la vida
eterna, darnos todo lo que Él tiene y llevarnos
de nuevo al hogar, en familia, a los brazos
de Su amor. Al rechazar Su consejo, elegimos
la influencia de otro poder, cuyo propósito
es hacernos miserables y cuyo motivo es
el odio. Dios nos ha dado el don del albedrío
moral. Éste no es el derecho de elegir estar
libre de influencias, sino el derecho inalienable
de quedar sujetos al poder que elijamos.
Sobre
terreno firme
Otra falsedad es creer que la elección
de aceptar o no el consejo de los
profetas no es más que decidir entre
aceptar el buen consejo y ser beneficiados
por ello, o quedarnos donde estamos.
Pero la decisión de no aceptarlo cambia
el mismo suelo que pisamos; éste se
torna más peligroso. |
|
El
no seguir el consejo profético
disminuye nuestro poder de aceptar
consejo inspirado en el futuro.
El mejor momento para haber
decidido ayudar a Noé a construir
el arca fue la primera vez que
él lo pidió; después, cada vez
que él pedía ayuda, toda respuesta
negativa disminuía la sensibilidad
al Espíritu. Y así, cada vez
que solicitaba ayuda, su petición
parecía más insensata, hasta
que descendió la lluvia; y para
entonces era demasiado tarde.
En mi vida, siempre que he elegido
posponer seguir el consejo inspirado
o que he decidido que yo era
la excepción,
he llegado a darme cuenta de
que me encontraba en peligro. |
|
| Siempre
que he escuchado el consejo
de los profetas, lo he confirmado
por medio de la oración y lo
he seguido; he visto cómo me
he dirigido hacia un lugar seguro
y, a lo largo del camino, he
visto que la vía había sido
preparada para mí y que los
lugares difíciles se habían
allanado. Dios me guiaba a salvo
por un camino preparado con
amoroso cuidado, a veces preparado
desde mucho tiempo antes. |
|
| El
relato que está al principio
del Libro de Mormón es sobre
Lehi, un profeta de Dios que
también era el líder de su familia.
Dios le advirtió que llevara
a los que amaba a un lugar seguro.
La experiencia de Lehi es un
ejemplo de lo que ocurre cuando
Dios nos aconseja a través de
Sus siervos. De la familia de
Lehi, sólo los que tuvieron
fe y que recibieron para sí
la confirmación de la revelación
vieron el peligro y también
el camino a la seguridad. Para
los que no tenían fe, el partir
al desierto parecía no sólo
algo irrazonable, sino también
peligroso.Como todos los profetas,
Lehi, hasta el día de su muerte,
trató de mostrar a los miembros
de su familia dónde se hallaba
la seguridad para ellos. |
|
 |
Él
sabía que el Salvador tiene
por responsables a aquellos
a quienes Él delega las llaves
del sacerdocio. Junto con esas
llaves viene el poder de dar
consejos que nos señalarán el
camino a la seguridad. Los que
tienen las llaves tienen la
responsabilidad de advertir,
aun cuando puede que su consejo
no se siga.
Las llaves se delegan siguiendo
una línea que va a través del
profeta, pasa por los que tienen
la responsabilidad sobre grupos
cada vez más pequeños de miembros,
hasta llegar a las familias
y a las personas. Ésa es una
de las maneras por las que el
Señor hace de una estaca un
lugar de seguridad. Por ejemplo,
he asistido con mi esposa a
reuniones de padres
organizadas por el obispo a
fin de que pudiera informarnos
de los peligros espirituales
a los que se enfrentan nuestros
hijos. Oí mucho más que la voz
de mi sabio amigo: escuché a
un siervo de Jesucristo, con
llaves, cumplir con su responsabilidad
de prevenirnos y transmitir
a nosotros, los padres, la responsabilidad
de actuar. Cuando honramos las
llaves de esa línea del sacerdocio,
al escuchar y prestar oído,
nos sujetamos a una cuerda de
salvamento que no nos fallará
en ninguna tormenta.
Nuestro Padre Celestial nos
ama. Él envió a Su Hijo Unigénito
para ser nuestro Salvador. Él
sabía que en la tierra estaríamos
en grave peligro, el peor de
los cuales serían las tentaciones
del terrible adversario. Ésa
es una de las razones por las
que el Salvador nos ha dado
las llaves del sacerdocio, para
que los que tengan oídos para
oír y la fe para obedecer puedan
ir a los lugares de refugio. |
|
Dispuestos
a escuchar
Se requiere humildad para estar dispuesto
a escuchar. Ustedes recuerdan la advertencia
que el Señor le hizo a Thomas B. Marsh,
quien en ese entonces era el Presidente
del Quórum de los Doce Apóstoles.
El Señor sabía que el presidente Marsh
y sus hermanos de los Doce serían
probados, y les amonestó en cuanto
a aceptar consejo. Él dijo: “Sé humilde;
y el Señor tu Dios te llevará de la
mano y dará respuesta a tus oraciones”
(D. y C. 112:10).
El Señor agregó una advertencia que
se aplica a cualquiera que sigue a
un profeta viviente: “No séais soberbios;
no os sublevéis en contra de mi siervo
José, porque de cierto os digo que
estoy con él, y mi mano lo protegerá;
y las llaves que a él le he dado,
como también a vosotros, no le serán
quitadas hasta que yo venga” (D. y
C. 112:15).
Dios nos ofrece consejo no sólo para
nuestra propia seguridad, sino para
la de Sus otros hijos, a quienes debemos
amar. Pocos consuelos son tan dulces
como el saber que hemos sido un instrumento
en las manos de Dios al llevar a alguien
más a un lugar seguro, pero esa bendición
requiere generalmente que tengamos
la fe suficiente para seguir el consejo
cuando éste sea difícil de seguir.
Un ejemplo de la historia de la Iglesia
es el de Reddick Newton Allred; él
era miembro de la expedición de rescate
que envió el presidente Brigham Young
(1801–1877) para ir a buscar a las
compañías de carros de mano de Willie
y de Martin. En las cercanías del
río Sweetwater, cerca de South Pass
(Wyoming), el capitán George Grant
le pidió a Reddick
Allred que permaneciera allí con algunos
hombres y carromatos, a fin de estar
listos para dar ayuda cuando regresaran
con las compañías de carros de mano.
Los que fueron a rescatarlos encontraron
a los de la compañía de Willie atascados
en la nieve, congelados, hambrientos
y moribundos. Otras personas del grupo
de rescate siguieron la búsqueda de
la compañía de Martin, mientras los
demás ayudaban a los de la compañía
de Willie a llevar a cabo el desgarrador
ascenso por las montañas Rocky Ridge.
Poco después de establecer el campamento,
Reddick Allred y sus hombres llegaron
con los víveres y la ayuda esenciales.
Allred después esperó a que el capitán
Grant regresara con los de la compañía
Martin. Pasó una semana tras otra
sin que
tuvieran señales de ellos. Con las
huracanadas ventiscas y con el tiempo
que atentaba contra la vida, dos de
los hombres decidieron que era una
idea descabellada el quedarse allí;
pensaban que los de la compañía de
Martin habían acampado para pasar
el invierno en algún lugar o que habían
perecido. Decidieron regresar al valle
del Lago Salado y trataron de
persuadir a todos los demás a hacer
lo mismo.
Allred rehusó hacerlo. El presidente
Young los había enviado, y el capitán
Grant, el líder de sacerdocio de Reddick
Allred, le había dicho que esperara
allí.
Aquellos que regresaron tomaron varios
carromatos, llenos de los víveres
necesarios, y emprendieron el regreso
al valle del Lago Salado. Lo que fue
aún más trágico es que hicieron volver
a setenta y siete carromatos que habían
salido del valle para prestar ayuda.
Algunos de esos carromatos se volvieron
hasta Big Mountain, donde los mensajeros
del presidente Young los encontraron
y los hicieron regresar de nuevo.
Finalmente, más de tres semanas después
de que Reddick Allred ayudara a la
compañía de Willie, el capitán Grant
llegó con la compañía de Martin. Esos
pioneros estaban aún más necesitados
y habían sufrido decenas de muertes.
El equipo de rescate era pequeño y
tenían pocas provisiones, y todavía
estaban a más de 320 km de distancia
del valle del Lago Salado. Una vez
más, debido a que Reddick Allred había
sido fiel a su asignación, incluso
en circunstancias extremadamente difíciles,
le fue posible proporcionar la ayuda
y los víveres necesarios para sostener
la vida4.
Tender una mano a los demás
Ustedes oirán y leerán el inspirado
consejo de profetas de Dios de tender
una mano a los miembros nuevos de
la Iglesia. Aquellos que tengan la
fe de Reddick Newton Allred seguirán
ofreciéndoles su amistad aun cuando
parezca que no se necesite o que no
tuviera efecto alguno.
Ellos persistirán. Si algún miembro
nuevo alcanza el punto del agotamiento
espiritual, los miembros fieles estarán
allí
para hermanarle y ofrecerle palabras
de bondad, y entonces sentirán la
misma aprobación divina que sintió
el hermano
Allred cuando vio a aquellos pioneros
de los carros de mano esforzándose
por llegar hasta él, sabiendo que
él podía ofrecerles amparo porque
había seguido el consejo cuando éste
era difícil de seguir.
A pesar de que los registros no lo
atestigüen, tengo la seguridad de
que el hermano Allred oraba mientras
esperaba;
y estoy seguro de que sus oraciones
fueron escuchadas. Entonces supo que
el consejo de permanecer fiel era
de Dios. Debemos orar para saber eso.
Les prometo que esas oraciones de
fe serán contestadas.
Algunas veces recibiremos consejo
que no podamos entender o que parezca
que no se aplica a nosotros, aun después
de la sincera oración y meditación.
No descarten ese consejo, sino guárdenlo
cerca del corazón. Si alguien en quien
confían les diera lo que aparenta
no ser más que una bolsa de arena
con la promesa de que contiene oro,
sabiamente la sostendrían en la mano
por un tiempo, sacudiéndola con suavidad.
Cada vez que he hecho eso con el consejo
de un profeta, después de algún tiempo
han comenzado a aparecer las pepitas
de oro y me he sentido agradecido.
Tenemos la bendición de vivir en una
época en la que las llaves del sacerdocio
están en la tierra y de saber hacia
dónde mirar y cómo distinguir la voz
que dará cumplimiento a la promesa
del Señor de que Él nos llevará a
buen resguardo. Ruego que tengamos
un corazón humilde para que escuchemos,
oremos y esperemos la liberación del
Señor, que ciertamente vendrá si somos
fieles. ■ |
| NOTAS |
1.
Philo Dibble, en “Early Scenes in
Church History”, Four Faith
Promoting Classics,1968, pág. 90.
2. Historia de la Iglesia, tomo V,
pág.137.
3. Véase, por ejemplo, The Teachings
of Spencer W. Kimball, 1982,
pág. 327; “Para el padre de familia”,
Liahona, enero de 1988,
pág. 48; “Las mujeres de la Iglesia”,
Liahona, enero de 1997, pág. 75.
4. Véase de Rebecca Bartholomew y
Leonard J. Arrington, Rescue of the
1856 Handcart Companies, 1992, págs.
29, 33–34. |
|
|
| |
| |
| |
| |
|
|
|

|
|
|
|
 |