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Mensajes de
La Primera Presidencia
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| No
hay nada más
hermoso en este
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una familia orando
junta. El dicho que
se cita con frecuencia
de que “la familia
que ora unida
permanece unida”
tiene verdadero
significado. |
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| Aquellos
que piensen que el hecho de orar
tal vez indique una
debilidad física o
intelectual deberían
recordar que una
persona jamás se
eleva a mayor altura
que cuando está
arrodillada orando. |
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Confiando
en Dios con fe, no dudando nada,
podemos invocar
Su extraordinario
poder para rescatarnos.
El llamado que Él nos hace es, como siempre ha
sido: “Venid a mí”.
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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Acerquémonos
a Él
en oración y fe
POR EL THOMAS S. MONSON
Liahona,
marzo 2009, págs. 3 – 7 |
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| Fíate
de Jehová de todo tu corazón, y
no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él enderezará tus veredas” 1.
Así habló el sabio Salomón, hijo
de David, rey de Israel. Jacob,
el hermano de Nefi, dijo: “Confiad
en Dios con mentes firmes, y orad
a él con suma fe” 2.
En esta dispensación, en una revelación
que se dio al profeta José Smith,
el Señor dijo: “Elevad hacia mí
todo pensamiento; no dudéis; no
temáis” 3.
Este consejo divinamente inspirado
nos llega hoy como agua cristalina
en una tierra reseca. Vivimos en
tiempos difíciles. Los consultorios
médicos están llenos de personas
acosadas por problemas emocionales,
así como por malestares físicos;
los tribunales de divorcio están
sobrecargados porque la gente no
soluciona sus dificultades. En el
gobierno y en la industria, los
administradores de recursos humanos
trabajan largas horas para tratar
de auxiliar a las personas que enfrentan
conflictos.
Al terminar un día sumamente ajetreado,
un empleado de recursos humanos
que estaba asignado para resolver
quejas triviales colocó sobre su
escritorio, en tono de burla, un
cartelito para los que tuvieran
problemas sin solucionar, que decía:
“¿Has probado la oración?”. De lo
que tal vez no se haya dado cuenta
es que aquel sencillo consejo podía
resolver más problemas, aliviar
más sufrimiento, evitar más transgresión
y brindar al alma humana mayor paz
y contentamiento que cualquier otra
cosa.
Cuando se le preguntó a un prominente
juez de Estados Unidos qué podíamos
hacer los ciudadanos de los países
del mundo para disminuir el crimen
y la desobediencia a la ley y para
lograr paz y contentamiento individualmente
y en nuestras naciones, él respondió
con detenimiento: “Yo sugiero un
retorno a la antigua práctica de
la oración familiar”.
Fortaleza en la oración
Como pueblo, ¿no estamos agradecidos
de que la oración familiar no sea
una práctica anticuada para nosotros?
No hay nada más hermoso en este
mundo que ver a una familia orando
junta. El dicho que se cita con
frecuencia de que “la familia que
ora unida permanece unida” tiene
verdadero significado.
El Señor mandó que lleváramos a
cabo las oraciones familiares cuando
dijo: “Orad al Padre en vuestras
familias, siempre en mi nombre,
para que sean bendecidos vuestras
esposas y vuestros hijos” 4.
Acompáñenme para contemplar a una
típica familia de Santos de los
Últimos Días que ofrece oraciones
al Señor. El padre, la madre y cada
uno de los hijos se arrodillan,
inclinan la cabeza y cierran los
ojos; un dulce espíritu de amor,
unidad y paz llena el hogar.
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Cuando
el padre escucha a su pequeño hijo
orar y pedir a Dios que su papá
haga lo que es correcto y sea obediente
a los mandatos del Señor, ¿les parece
que a ese padre le será difícil
honrar la oración de su preciado
hijo?
Cuando la jovencita escucha a su
cariñosa madre orar al Señor y rogarle
que inspire a su hija en la elección
de compañeros y que se prepare para
casarse en el templo, ¿no creen
ustedes que esa hija tratará de
honrar la humilde y ferviente súplica
de su mamá, a la que tanto quiere?
Cuando ambos padres y todos los
hijos oran con fervor para que los
buenos niños de la familia vivan
dignamente a fin de que, a su debido
tiempo, reciban un llamamiento para
servir de embajadores del Señor
en las misiones de la Iglesia, ¿no
vamos a ver cómo se desarrollan
esos hijos hasta convertirse en
jóvenes con un inmenso deseo de
prestar servicio siendo misioneros? |
Estoy seguro de que fue la oración
familiar lo que motivó una carta escrita
hace unos años por una jovencita miembro
de la Iglesia que asistía a una escuela
secundaria en Colorado [Estados Unidos],
donde se había pedido a los alumnos
que escribieran una carta dirigida
a un gran hombre que ellos mismos
eligieran. La mayoría dirigieron su
carta a un atleta célebre, a un conocido
astronauta, al presidente de Estados
Unidos y a otras personas famosas.
Aquella joven, sin embargo, decidió
dirigir la carta a su padre, y en
ella escribió: “He decidido escribirte
a ti, papá, porque tú eres el hombre
más excepcional
que he conocido en mi vida. Mi mayor
anhelo es vivir de tal manera que
tenga el privilegio de estar junto
a ti y mamá y a otros
miembros de la familia en el reino
celestial”. Aquel padre nunca recibió
una carta más preciada que esa.
Al ofrecer al Señor nuestras oraciones
familiares y personales, hagámoslo
con fe y confianza en Él. Recordemos
la admonición de Pablo a los hebreos:
“…porque es necesario que el que se
acerca a Dios crea que le hay, y que
es galardonador de los que le buscan”
5.
Si alguno de nosotros ha sido lento
en prestar atención al consejo de
orar siempre,
no hay mejor momento para empezar
que ahora mismo. William Cowper dijo:
“Satanás tiembla cuando ve de rodillas
al más débil de los santos” 6.
Aquellos que piensen que el hecho
de orar tal vez indique una debilidad
física o intelectual deberían recordar
que una persona jamás se eleva a mayor
altura que cuando está arrodillada
orando.
No podemos saber lo que es la fe si
nunca la hemos tenido, y no la podemos
obtener en tanto que la neguemos.
La fe y la duda no pueden existir
en la mente al mismo tiempo, porque
una anula a la otra.
Aceptemos Su invitación
Si nuestro deseo es deshacernos de
toda duda y reemplazarla con una fe
firme, todo lo que tenemos que hacer
es aceptar la invitación que se nos
extiende en la Epístola de Santiago:
“Y si alguno de vosotros tiene falta
de sabiduría, pídala a Dios, el cual
da a todos abundantemente y sin reproche,
y le será dada.
“Pero pida con fe, no dudando nada;
porque el que duda es semejante a
la onda del mar, que es arrastrada
por el viento y echada de una parte
a otra”
7.
Esta promesa motivó al joven José
Smith a acercarse a Dios en oración.
Con respecto a eso, nos dijo con sus
propias palabras:
“Finalmente llegué a la conclusión
de que tendría que… hacer lo que Santiago
aconsejaba, esto es, recurrir a Dios.
Al fin tomé la determinación de ‘pedir
a Dios’, habiendo decidido que si
él daba sabiduría a quienes carecían
de ella, y la impartía abundantemente
y sin reprochar, yo podría intentarlo.
“Por consiguiente, de acuerdo con
esta resolución mía de recurrir a
Dios, me retiré al bosque para hacer
la prueba… Era la primera vez en mi
vida que hacía tal intento, porque
en medio de toda mi ansiedad, hasta
ahora no había procurado orar vocalmente”
8. |
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Ahora
bien, si hemos vacilado en suplicar
a Dios, nuestro Eterno Padre, simplemente
porque todavía no hemos intentado
orar, ciertamente podemos animarnos
con el ejemplo del profeta José;
pero recordemos que, como lo hizo
el Profeta, debemos ofrecer nuestra
oración con fe, no dudando nada.
Fue por la fe, no dudando nada,
que el hermano de Jared vio cuando
el dedo de Dios tocó las piedras
en respuesta a su oración 9.
Fue por la fe, no dudando nada,
que Noé construyó el arca obedeciendo
el mandato de Dios 10.
Fue por la fe, no dudando nada,
que Abraham estuvo dispuesto a ofrecer
a su amado Isaac como sacrificio
11.
Fue por la fe, no dudando nada,
que Moisés condujo a los hijos de
Israel para que salieran de Egipto
y cruzaran el Mar Rojo 12.
Fue por la fe, no dudando nada,
que Josué y sus seguidores derribaron
las murallas de Jericó 13.
Fue por la fe, no dudando nada,
que José vio a Dios, nuestro Padre
Eterno, y a Jesucristo, Su Hijo
14.
Claro que los escépticos tal vez
dirán que esos extraordinarios relatos
de fe ocurrieron hace mucho tiempo,
que las épocas han cambiado. |
¿Han cambiado realmente? ¿No seguimos
amando a nuestros hijos y deseando
que vivan con rectitud hoy como siempre?
¿No necesitamos que Dios nos atienda
con Su divino cuidado protector hoy
como siempre? ¿No estamos hoy como
siempre a Su merced y en deuda con
Él por la vida que nos ha dado?
Los tiempos no han cambiado realmente.
La oración sigue dándonos poder, un
poder espiritual; sigue brindándonos
paz, una paz espiritual.
La fe en acción
En dondequiera que estemos, nuestro
Padre Celestial oye y contesta la
oración que se ofrece con fe. Esto
es verdad especialmente en el campo
misional por todo el mundo. Mientras
presidía la Misión Canadiense, bajo
la dirección del presidente David
O. McKay (1873–1970), mi esposa y
yo tuvimos la oportunidad de prestar
servicio con algunos de los mejores
hombres y mujeres jóvenes del mundo;
la forma de vivir de aquellos jóvenes
misioneros era un ejemplo de fe y
oración.
Un día se encontraba en mi oficina
un misionero recién llegado; era inteligente,
fuerte, alegre y estaba agradecido
de ser misionero, lleno de entusiasmo
y deseo de prestar servicio.
Mientras hablábamos, le dije: “Élder,
me imagino que su padre y su madre
lo apoyan de todo corazón en su llamamiento
misional”. Él inclinó la cabeza y
me contestó: “No, no mucho, presidente.
Sabe, mi padre no es miembro de la
Iglesia; no cree lo que nosotros creemos,
así que no aprecia totalmente la importancia
de mi asignación”.
Sin vacilar, e inspirado por una Fuente
que no procedía de mí, le dije: “Élder,
si sirve a Dios proclamando Su mensaje
de manera honrada y diligente, su
padre se convertirá a la Iglesia antes
de que usted termine la misión”. Me
tomó la mano, estrechándola con mucha
fuerza y, con los ojos llenos de lágrimas
que le corrían por las mejillas, me
respondió:
“El ver a mi padre aceptar la verdad
sería la bendición más grande de mi
vida”.
Pero aquel joven no se quedó sentado
esperando y deseando que se cumpliera
la promesa, sino que siguió este sabio
consejo
de antaño: “Ora como si todo dependiera
de Dios; y esfuérzate como si todo
dependiera de ti”. |
Así
fue el servicio misional de aquel
jovencito. En cada conferencia de
misioneros, lo buscaba antes de las
reuniones y le preguntaba: “Élder,
¿cómo va el progreso de su papá?”.
Su respuesta casi siempre era la misma:
“No hay progreso, presidente, pero
sé que el Señor cumplirá la promesa
que me hizo por medio de usted como
mi presidente de misión”.
Los días se convirtieron en semanas
y las semanas en meses y, finalmente,
dos semanas antes de salir nosotros
de la misión para regresar a casa,
recibí una carta del padre de ese
misionero, que decía:
“Estimado hermano Monson:
“Quiero agradecerle profundamente
el haber cuidado tan bien a mi hijo,
que acaba de terminar su misión en
Canadá y que ha sido una inspiración
para nosotros.
“Al salir en su misión, a él se le
prometió que yo iba a hacerme miembro
de la Iglesia antes de su regreso.
Creo que fue usted quien, sin que
yo lo supiera, le hizo esa promesa.
“Tengo el placer de informarle que
me bauticé en la Iglesia una semana
antes de que él terminara la misión,
y que actualmente soy el director
atlético de la AMM y tengo, además,
una asignación de enseñanza.
“Mi hijo está asistiendo a la Universidad
Brigham Young, y su hermano menor
también se bautizó recientemente y
fue confirmado miembro de la Iglesia.
“Permítame agradecerle nuevamente
toda la bondad y el amor que él recibió
de sus hermanos del campo misional
en los últimos dos años.
“Cordialmente, su sincero servidor,
un padre agradecido”.
La humilde oración de fe había recibido
de nuevo respuesta.
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Desde
el principio del mundo hasta el presente,
hay una valiosa característica que
ha sido común a todo relato de fe.
Abraham, Noé, el hermano de Jared,
el profeta José Smith e incontables
otras personas querían ser obedientes
a la voluntad de Dios: tuvieron oídos
que oyeron, ojos que vieron y corazones
que supieron y sintieron.
Ellos jamás dudaron, sólo confiaron.
Mediante la oración personal y la
oración familiar, al confiar en Dios
con fe, no dudando nada, podemos invocar
Su extraordinario poder para rescatarnos.
El llamado que Él nos hace es, como
siempre ha sido: “Venid a mí” 15.
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| NOTAS |
1. Proverbios
3:5–6.
2. Jacob 3:1.
3. D. y C. 6:36.
4. 3 Nefi 18:21.
5. Hebreos 11:6.
6. William Cowper, Olney Hymns , citado
enThe Oxford
Dictionary of Quotations, 2ª ed. revisada,
1966, pág. 161.
7. Santiago 1:5–6.
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8. José
Smith—Historia 1:13–14.
9. Véase Éter 3:1–16.
10. Véase Génesis 6:13–22.
11. Véase Génesis 22:1–14.
12. Véase Éxodo 14:15–22.
13. Véase Josué 6:2–20.
14. Véase José Smith—Historia 1:14–19.
15. Mateo 11:28. |
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