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Mensajes de
La Primera Presidencia
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No
hay porqué
navegar por mares desconocidos
ni viajar por rutas sin señales en busca de la
fuente de la verdad, puesto que nuestro amoroso
Padre Celestial nos ha marcado el curso
y proporcionado un
mapa infalible: ¡la
obediencia! |
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| Jesús
dijo a Pedro
[y a su hermano] en
Galilea: “Venid en
pos de mí”. A Felipe
lo invitó de igual forma: “Sígueme”. Y esa misma
voz, ese mismo Jesús, nos dice a nosotros: “Sígueme”.
¿Estamos dispuestos a obedecer? |
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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Cómo
hallamos fortaleza
por medio de la obediencia
POR EL PTE. THOMAS S. MONSON
Liahona
octubre 2009, págs. 3 – 6 |
En
nuestro mundo de hoy, lo que más se
hace destacar es la juventud; todos
quieren tener aspecto joven, sentirse
jóvenes y ser jóvenes. Por cierto
que anualmente se gastan enormes sumas
de dinero en productos que la gente
espera les restaure una apariencia
juvenil. Podemos muy bien preguntarnos
si esa búsqueda de juventud es algo
nuevo de nuestros días, de nuestra
generación. Todo lo que tenemos que
hacer para hallar la respuesta es
hojear las páginas de la historia.
Siglos atrás, en la gran era de las
exploraciones, se enviaron expediciones
bien equipadas y barcos con tripulaciones
confiadas y
aventureras que se hicieron a la mar
por derroteros desconocidos en busca
de la fuente de la juventud.
Las leyendas que corrían en aquel
tiempo prometían que en algún lugar
de tierras remotas había una fuente
mágica que contenía la más pura de
las aguas, y que todo lo que uno tenía
que hacer para recobrar la vitalidad
de la juventud y perpetuarla era beber
abundantemente de las aguas que emanaban
de ese manantial.
Ponce de León, que navegó con Colón,
hizo viajes subsiguientes de exploración,
buscándola en las Bahamas y en otras
regiones del Caribe con toda su confianza
puesta en la leyenda de la existencia
de ese elixir de la juventud. Pero
sus esfuerzos, igual que los de muchos
otros, no dieron lugar a tal descubrimiento
porque, en el plan divino de nuestro
Dios, entramos en la vida terrenal
para gustar de la juventud solamente
una vez.
La fuente de la verdad
Aunque no existe ninguna fuente de
la juventud a la que podamos recurrir,
hay otra fuente que contiene un agua
más preciosa, las aguas de la vida
eterna: Es la fuente de la verdad.
El poeta captó el verdadero significado
de la búsqueda de la verdad cuando
escribió estas líneas inmortales: |
¿Qué
es la verdad? Es el máximo don
que podría mortal anhelar.
En abismos buscadla, en todo
rincón,
o subid a los cielos buscando
ese don;
es la mira más noble que hay
…
¿Qué es la verdad? Es principio
y fin
y sin límites siempre será.
Aunque cielo y tierra dejaran
de ser,
la verdad, la esencia de todo
vivir,
Seguiría por siempre jamás
1. |
|
En
mayo de 1833, en una revelación que
dio por medio del profeta José Smith
en Kirtland, Ohio, el Señor dijo:
“…la verdad es el conocimiento de
las cosas como son, como eran y como
han de ser …
“El Espíritu de verdad es de Dios…
Él [ Jesús] recibió la plenitud de
la verdad...
“y
ningún hombre recibe la plenitud,
a menos que guarde sus mandamientos.
“El que guarda sus mandamientos recibe
verdad y luz, hasta que es glorificado
en la verdad y sabe todas las cosas”
2. |
|
En esta era de luz en que se ha
restaurado la plenitud del Evangelio,
ninguno de nosotros tiene porqué
navegar por mares desconocidos ni
viajar por rutas sin señales en
busca de la fuente de la verdad,
puesto que nuestro amoroso Padre
Celestial nos ha marcado el curso
y proporcionado un mapa infalible:
¡la obediencia!
Su palabra revelada describe vívidamente
las bendiciones que trae la obediencia,
y el pesar y la desolación inevitables
que
acompañan al viajero que se desvía
hacia los senderos del pecado y
del error.
Samuel amonestó a una generación
que estaba empapada en la tradición
de sacrificar animales, diciéndoles:
“Ciertamente el obedecer es mejor
que los sacrificios, y el prestar
atención que la grosura de los carneros”
3.
Los profetas, tanto antiguos como
modernos, han conocido la fortaleza
que se recibe por la obediencia.
Recuerden a Nefi:
“Iré y haré lo que el Señor ha mandado”
4.
O la hermosa descripción que hizo
Mormón de la fortaleza que poseían
los hijos de Mosíah:
“…se habían fortalecido en el conocimiento
de la verdad; porque eran hombres
de sano entendimiento, y habían
escudriñado diligentemente las Escrituras
para conocer la palabra de Dios.
“Mas eso no es todo; se habían dedicado
a mucha oración y ayuno; por tanto,
tenían el espíritu de profecía y
el espíritu de revelación, y cuando
enseñaban, lo hacían con poder y
autoridad de Dios” 5.
Guarden los mandamientos
El presidente David O. McKay (1873–1970),
en uno de sus mensajes de apertura
para los miembros de la Iglesia
durante una conferencia general,
nos dio una guía para nuestros tiempos
de manera muy sencilla pero muy
potente: “Guarden los mandamientos
de Dios” 6.
Ese fue el tema principal de las
palabras del Salvador cuando dijo:
“Porque todos los que quieran recibir
una bendición de mi mano han de
obedecer la ley que fue decretada
para tal bendición, así como sus
condiciones, según fueron instituidas
desde antes de la fundación del
mundo” 7.
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Las
propias acciones del Maestro dan crédito
a Sus palabras: Él demostró amor sincero
por Dios llevando una vida perfecta
y honrando la misión sagrada que tenía;
nunca fue altivo; nunca se llenó de
orgullo; nunca fue desleal. Él fue
siempre humilde, siempre sincero,
siempre verídico.
Aunque fue tentado por el maestro
del engaño, el diablo; aunque estaba
físicamente debilitado por haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches y
“tuvo hambre”; sin embargo, cuando
el maligno le hizo las propuestas
más atractivas y tentadoras, Él nos
dejó un ejemplo divino de obediencia
al rehusar desviarse de lo que sabía
que era correcto 8.
Al enfrentar la angustia de Getsemaní,
mientras soportaba un dolor tal que
su sudor era como grandes gotas de
sangre que caían a tierra, ejemplificó
al Hijo obediente, diciendo: “Padre,
si quieres pasa de mí esta copa; pero
no se haga mi voluntad, sino la tuya”
9.
Jesús dijo a Pedro [y a su hermano]
en Galilea: “Venid en pos de mí”.
A Felipe lo invitó de igual forma:
“Sígueme”. Y al publicano Leví, que
estaba sentado en el banco de los
tributos, le llegó el mismo llamado:
“Sígueme”.
Incluso al que fue en Su busca, el
que tenía muchas posesiones, le dijo
las mismas palabras: “Ven, sígueme”
10.
Y esa misma voz, ese mismo Jesús,
nos dice a nosotros: “Sígueme”.
¿Estamos dispuestos a obedecer? La
obediencia es un distintivo de los
profetas, pero debemos darnos cuenta
de que esa fuente de fortaleza está
actualmente a nuestra disposición. |
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Un
ejemplo moderno
Alguien que aprendió bien la lección
de la obediencia, que encontró la
fuente de la verdad, fue un hombre
bondadoso y sincero, de circunstancias
y medios modestos. Se había convertido
a la Iglesia en Europa y, con ahorro
diligente y con sacrificio, había
inmigrado a Norteamérica, una nueva
tierra, con un idioma extraño y costumbres
diferentes, pero la misma Iglesia
bajo el liderazgo del mismo Señor
en quien él confiaba y al que obedecía.
Lo llamaron como presidente de rama
de un pequeño rebaño de santos que
enfrentaba dificultades en una ciudad
poco amistosa.
Aunque los miembros eran pocos y las
tareas muchas, él aplicó el programa
de la Iglesia, dando además a los
miembros de la rama un ejemplo verdaderamente
cristiano; y ellos le respondieron
con un amor raramente visto.
Se ganaba la vida como artesano; sus
medios eran limitados, pero siempre
pagó un diezmo íntegro y donaba más
que eso; comenzó en su rama un fondo
misional y había épocas en que durante
varios meses seguidos él era el único
contribuyente.
Cuando había misioneros en la ciudad,
se encargaba de alimentarlos y nunca
salieron de su casa sin una buena
donación para su obra y para su bienestar
personal. Los miembros de la Iglesia
provenientes de localidades distantes
que pasaban por la ciudad y visitaban
la rama siempre disfrutaban de su
hospitalidad y de la calidez de su
espíritu, y seguían su viaje sabiendo
que habían conocido a un hombre singular,
uno de los siervos obedientes del
Señor.
Los que lo presidían recibían de su
parte un profundo respeto y una atención
especial. Él los consideraba emisarios
del Señor, atendía a sus comodidades
físicas y, al orar por ellos, lo cual
era frecuente, se ocupaba particularmente
de pedir por su bienestar. Algunos
líderes que visitaron su rama un domingo
participaron con él en más de diez
oraciones durante varias reuniones
y en visitas a los miembros; cuando
partieron al finalizar el día, lo
hicieron con un sentimiento de júbilo
y de
elevación espiritual que los mantuvo
en ese estado de gozo durante cuatro
horas de viaje en auto durante la
época invernal y que ahora, después
de muchos años, todavía les reconforta
el espíritu y les alegra el corazón
al recordar aquel día.
Hombres educados y de experiencia
buscaban a aquel humilde y rústico
hombre de Dios, y se contaban afortunados
si podían pasar una hora con él. Tenía
un aspecto sencillo, hablaba un inglés
cortado y un tanto difícil de entender,
y tenía una casa modesta; no poseía
auto ni televisor.
No escribió ningún libro, no predicaba
con discursos refinados ni se destacaba
en ninguna de las cosas a las que
el mundo generalmente presta atención.
Sin embargo, los fieles se apresuraban
a llegar a su puerta. ¿Por qué?
Porque deseaban beber de su fuente
de verdad; apreciaban no tanto lo
que él decía sino lo que hacía; no
tanto el contenido de los discursos
que predicaba como la fortaleza de
la vida que llevaba.
El hecho de que un hombre pobre diera
por lo menos el doble de la décima
parte al Señor, en forma constante
y gozosa, ofrecía una perspectiva
más clara del verdadero significado
del diezmo. El verlo ministrar al
hambriento y dar refugio al extraño
le hacía comprender a uno que él daba
lo mismo que hubiera dado al Maestro.
La oportunidad de orar con él y de
ser partícipe de su confianza en la
intercesión divina era tomar parte
en un medio nuevo de comunicación.
Se podía muy bien decir que él guardaba
el primero y gran mandamiento y el
segundo, que es semejante 11,
que sus entrañas estaban llenas de
caridad hacia todos los hombres, que
la virtud engalanaba sus pensamientos
incesantemente y, en consecuencia,
que su confianza se fortalecía en
la presencia de Dios 12.
Aquel hombre estaba rodeado del resplandor
de la bondad y del fulgor de la rectitud;
su fortaleza provenía de la obediencia.
Nosotros podemos tener la fortaleza
que buscamos con tanto afán, a fin
de enfrentar las dificultades de un
mundo complejo y cambiante si, con
entereza y resuelto valor, nos erguimos
y decimos junto con Josué: “…yo y
mi casa serviremos a Jehová” 13. |
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| NOTAS |
1.
John Jaques, “¿Qué es la verdad?”,
Himnos, N° 184.
2. D. y C. 93:24, 26–28.
3. 1 Samuel 15:22.
4. 1 Nefi 3:7.
5. Alma 17:2–3.
6. David O. McKay, en “Conference
Report”, abril de 1957, pág. 8;
o Improvement Era, junio de 1957,
pág. 391.
7. D. y C. 132:5.
8. Véase Mateo 4:1–11.
9. Lucas 22:42.
10. Mateo 4:19; 9:9; Juan 1:43; véase
también Mateo 19:16–22; Marcos
2:14; Lucas 18:18–22.
11. Véase Mateo 22:37–40.
12. Véase D. y C. 121:45.
13. Josué 24:15. |
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