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Mensajes de
La Primera Presidencia
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Gracias
al Salvador,
ustedes pueden tener la seguridad de volver al
hogar no sólo en Navidad sino también para vivir
eternamente
con una familia a la que aman y cuyos
miembros se aman
entre sí. |
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| El
Salvador es nuestro magnífico ejemplo, y en Navidad
volvemos a reflexionar en quién es Él y en la generosidad
que Él nos extendió al venir al mundo para ser
nuestro Salvador. |
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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En
el hogar para Navidad
POR EL PTE. HENRY B. EYRING
Liahona
diciembre 2009, págs. 3 – 7 |
Hay
una canción que oí por primera vez
cuando era niño, una canción sobre
la Navidad y el hogar. Aquellos eran
tiempos de guerra en los que muchas
personas se hallaban lejos de su hogar
y su familia, días negros para los
que temían no volver a reunirse en
esta vida con sus seres amados. Recuerdo
lo que sentí poco antes de Navidad
al pasar por una casa en camino a
la escuela y ver en la ventana una
pequeña bandera con una estrella dorada;
allí vivía una niña a la que conocía
de la escuela y cuyo hermano, no muchos
años mayor que yo, había muerto en
la guerra. Conocía también a los padres
y, en parte, percibía lo que ellos
sentían. En el regreso a casa después
de las clases, me sentía agradecido
por la expectativa de la alegre bienvenida
que me esperaba en mi hogar.
Cuando encendía la radio en nuestra
sala durante la época navideña, escuchaba
palabras y música que todavía conservo
en la memoria. Unos versos de aquella
canción me tocaban el corazón por
el anhelo que expresaban de estar
con familia. |
En
ese tiempo vivía con mis padres y
hermanos en un hogar feliz, así que
presentía que ese anhelo era algo
más que el estar en una casa o con
la vida familiar que disfrutaba entonces;
se relacionaba con un lugar y una
vida del futuro, aún mejores de lo
que conocía o podía siquiera imaginar.
La parte de la canción que recuerdo
más es: “Estaré en mi hogar para
Navidad, aunque sólo sea en mis sueños”1.
La casa en la que adornaba el árbol
de Navidad con mi madre y mi padre
en aquellos días felices de mi infancia
todavía existe y no ha cambiado mucho.
Hace unos años volví a ella y llamé
a la puerta; los que me recibieron
eran desconocidos para mí, pero me
dejaron entrar en los cuartos donde
había estado la radio y donde nuestra
familia se reunía alrededor del árbol
de Navidad.
Me di cuenta entonces de que el deseo
de mi corazón no se relacionaba con
el estar en una casa, sino que era
el deseo de estar con mi familia,
de sentirme envuelto en el amor y
en la luz de Cristo, aun más de lo
que nuestro pequeño grupo familiar
había sentido en el hogar de mi infancia. |
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El
anhelo de un amor eterno
Lo que todos nosotros anhelamos profundamente,
en la época navideña y siempre, es
sentirnos ligados por el amor con
la dulce certeza de que esa unión
durará eternamente. Tal es la promesa
de la vida eterna, de la cual Dios
ha dicho que es Su don más grandioso
para Sus hijos (véase D. y C. 14:7),
y se hace posible gracias a los dones
de Su Hijo Amado: el nacimiento, la
expiación y la resurrección del Salvador.
Es por medio de la vida y la misión
de Él que tenemos la seguridad de
que podremos seguir unidos en amor
y vivir con nuestra familia eternamente.
Ese sentimiento de anhelo por el hogar
es innato en nosotros. Es un sueño
maravilloso que no puede hacerse realidad
sin tener gran fe, lo suficiente como
para que el Espíritu Santo nos guíe
al arrepentimiento, al bautismo y
a hacer y mantener convenios sagrados
con Dios. Esa fe exige que soportemos
valerosamente las pruebas de la vida
terrenal; y luego, en la vida venidera,
recibir de nuestro Padre Celestial
y de Su Hijo Amado una bienvenida
a aquel hogar de nuestros sueños.
Incluso en esta vida podemos tener
la certeza de que llegará ese día
y sentir algunos de los gozos que
experimentaremos
cuando por fin lleguemos al hogar.
La celebración del nacimiento del
Salvador en Navidad nos ofrece oportunidades
especiales de disfrutar de ellos en
esta vida. |
Cómo
encontrar el gozo prometido
Muchos de nosotros hemos perdido a
seres queridos por la muerte. Tal
vez estemos rodeados de personas que
tratan de destruir nuestra fe en el
Evangelio y las promesas de vida eterna
que nos ha hecho el Señor; algunos
estaremos afligidos por enfermedades
y por la pobreza; otros quizás enfrenten
contención en su familia o no tengan
ningún familiar. Aun así, podemos
pedir que la luz de Cristo nos ilumine
y nos permita ver y sentir algunos
de los prometidos gozos que nos esperan.
Por ejemplo, al reunirnos en ese hogar
celestial, estaremos rodeados por
los que hayan sido perdonados de todo
pecado y, a su vez, se hayan perdonado
los unos a los otros; podemos disfrutar
algo de ese gozo ahora, especialmente
al recordar y celebrar los dones que
el Salvador nos ha dado. Él vino al
mundo para ser el Cordero de Dios,
para pagar el precio de todos los
pecados de los hijos de Su Padre en
la vida terrenal, a fin de que todos
reciban el perdón.
En la época de Navidad, sentimos un
deseo más grande de recordar al Salvador
y meditar sobre Sus palabras; Él nos
advierte que no se nos puede perdonar
a menos que perdonemos a los demás
(véase Mateo 6:14–15), lo cual muchas
veces es difícil; por eso, deben orar
para pedir ayuda.
Muchas veces recibirán esa ayuda para
perdonar si se les permite ver que
ustedes han causado tanto o mayor
dolor del que han recibido de otros. |
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| Si
actúan conforme a la respuesta que
reciban a su oración de pedir fortaleza
para perdonar, sentirán que se ha
levantado un peso de sus hombros.
El resentimiento es una carga muy
pesada; pero al perdonar, sentirán
el gozo de ser perdonados. En esta
época navideña pueden ofrecer y recibir
el regalo del perdón; la felicidad
que sentirán entonces será una vislumbre
de lo que sentiremos juntos en ese
hogar eterno que anhelamos. |
Sintamos
el gozo de dar
Hay otra vislumbre de ese futuro hogar
gozoso que podemos percibir mejor
en Navidad: es el sentimiento de dar
con un corazón generoso, y lo experimentamos
al pensar más en las necesidades de
los demás que en las nuestras y al
comprender lo generoso que ha sido
Dios con nosotros.
Nos alienta el ver la bondad de otras
personas en la época navideña. ¿Cuántas
veces han ido a dejar un regalo en
el umbral de una puerta, esperando
que nadie los viera, y se han encontrado
con regalos que otro ya había dejado
allí? O, habiendo tenido la impresión
de ayudar a alguien, como me ha pasado
a mí, se han enterado después de que
tuvieron la inspiración de dar exactamente
lo que esa persona necesitaba en aquel
preciso momento. Eso nos da la maravillosa
seguridad de que Dios conoce todas
nuestras necesidades y cuenta con
nosotros para atender a las de los
que nos rodean.
Él nos envía esos mensajes durante
los días de Navidad con mayor confianza,
sabiendo que responderemos porque
nuestro corazón está más receptivo
al ejemplo del Salvador y a las palabras
de Sus siervos. Es la época en la
que es más probable que hayamos leído
recientemente lo que dijo el rey Benjamín
y nos hayamos conmovido con sus palabras.
Él enseñó a su pueblo, así como a
nosotros, que el asombroso regalo
del perdón que recibimos debe hacernos
sentir llenos de generosidad hacia
los demás: |
“Y
he aquí, ahora mismo habéis estado
invocando su nombre, suplicando la
remisión de vuestros pecados. ¿Y ha
permitido él que hayáis pedido en
vano? No; él ha derramado su Espíritu
sobre vosotros, y ha hecho que vuestros
corazones se llenaran de alegría,
y ha hecho callar vuestras bocas de
modo que no pudisteis expresaros,
tan extremadamente grande fue vuestro
gozo.
“Y ahora bien, si Dios, que os ha
creado, de quien dependéis por vuestras
vidas y por todo lo que tenéis y sois,
os concede cuanta cosa justa le pedís
con fe, creyendo que recibiréis, ¡oh
cómo debéis entonces impartiros el
uno al otro de vuestros bienes!
“Y si juzgáis al hombre que os pide
de vuestros bienes para no perecer,
y lo condenáis, cuánto más justa será
vuestra condenación por haberle negado
vuestros bienes, los cuales no os
pertenecen a vosotros sino a Dios,
a quien también vuestra vida pertenece;
y con todo, ninguna petición hacéis,
ni os arrepentís de lo que habéis
hecho.
“Os digo: ¡Ay de tal hombre, porque
sus bienes perecerán con él! Y digo
estas cosas a los que son ricos en
lo que toca a las cosas de este mundo”
(Mosíah 4:20–23). |
Ustedes
ya han sentido el gozo de dar y de
recibir generosamente; ese gozo en
esta vida es un atisbo de lo que sentiremos
en la vida venidera si somos generosos
aquí motivados por nuestra fe en Dios.
El Salvador es nuestro magnífico ejemplo,
y en Navidad volvemos a reflexionar
en quién es Él y en la generosidad
que Él nos extendió al venir al mundo
para ser nuestro Salvador.
Por ser el Hijo de Dios, nacido de
María, Él tuvo el poder de resistir
toda tentación al pecado; y vivió
una vida perfecta a fin de ser la
ofrenda de sacrificio infinito, el
Cordero sin mancha prometido desde
el principio del mundo (véase Apocalipsis
13:8). Él sufrió el tormento de la
culpa de nuestros pecados y de todos
los de los hijos del Padre Celestial,
para que podamos ser perdonados y
volver limpios al hogar.
Nos otorgó esa dádiva a un precio
que no podemos siquiera concebir;
fue un don que a Él no le hacía falta
pues no tenía
necesidad de ser perdonado. El gozo
y la gratitud que sentimos ahora por
Su dádiva serán magnificados y perdurarán
eternamente cuando lo honremos y lo
adoremos en nuestro hogar celestial.
La época de la Navidad nos anima a
recordarlo y a pensar en Su generosidad
infinita; el recordar esa generosidad
contribuirá a que sintamos la inspiración
de que hay alguien que necesita nuestra
ayuda y respondamos a ella, y nos
permitirá ver la mano de Dios que
se extiende hasta nosotros cuando
Él nos envía a una persona que nos
auxilie, como lo hace tantas veces.
Hay gozo en dar y en recibir la generosidad
que Dios inspira, especialmente en
Navidad. |
Somos
bendecidos con Su Luz
Hay otro vislumbre del cielo que se
aprecia con más facilidad en la Navidad:
es la luz. El Padre Celestial hizo
uso de la luz para anunciar el nacimiento
de Su Hijo, nuestro Salvador (véase
Mateo 2; 3 Nefi 1), con una estrella
nueva que fue visible tanto en el
hemisferio oriental como en el occidental
y que condujo a los Reyes Magos hasta
donde estaba el Niño en Belén. Incluso
el malvado rey Herodes reconoció la
señal y tuvo miedo, porque era inicuo.
Los magos se regocijaron por el nacimiento
del Cristo, que es la Luz y la Vida
del mundo. Y Dios dio como señal a
los descendientes de Lehi tres días
de luz, sin oscuridad, para anunciarles
el nacimiento de Su Hijo.
En la Navidad recordamos no sólo la
luz que anunció que Cristo había nacido
en el mundo sino también la que proviene
de Él. Muchos son los testigos que
la han confirmado. Pablo testificó
que la vio en su camino a Damasco: |
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“…vi una luz del cielo que sobrepasaba
el resplandor del sol, la cual me
rodeó a mí y a los que iban conmigo.
“Y habiendo caído todos nosotros en
tierra, oí una voz que me hablaba,
y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo,
¿por qué me persigues? Dura cosa te
es dar coces contra el aguijón.
“Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor?
Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien
tú persigues” (Hechos 26:13–15).
José Smith, siendo muchacho, testificó
que había visto una luz maravillosa
en una arboleda de Palmyra, Nueva
York, al principio de la Restauración:
“…precisamente en este momento
de tan grande alarma vi una columna
de luz, más brillante que el sol,
directamente arriba de mi cabeza;
y esta luz gradualmente descendió
hasta quedar sobre mí.
“No bien se apareció, me sentí libre
del enemigo que me había sujetado.
Al reposar sobre mí la luz, vi en
el aire arriba de mí a dos Personajes,
cuyo fulgor y gloria no admiten descripción.
Uno de ellos me habló, llamándome
por mi nombre, y dijo, señalando al
otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”
( José Smith—Historia :16–17). |
Esa
luz será visible en nuestro hogar
celestial y nos brindará gozo. Sin
embargo, por medio de la Luz de Cristo,
incluso en esta vida ustedes han sido
bendecidos con una porción de esa
magnífica experiencia. Toda persona
que nace en el mundo recibe esa luz
como un don (véase Moroni 7:16). Piensen
en las veces en las que les ha ocurrido
algo que los hace testigos de que
la Luz de Cristo es real y preciosa.
En este pasaje de las Escrituras,
que nos ofrece una seguridad maravillosa,
reconocerán que han sido guiados por
esa luz:
“Y lo que no edifica no es de
Dios, y es tinieblas.
“Lo que es de Dios es luz; y el que
recibe luz y persevera en Dios, recibe
más luz, y esa luz se hace más y más
resplandeciente hasta el día perfecto.
“Y… lo digo para que sepáis la verdad,
a fin de que desechéis las tinieblas
de entre vosotros” (D. y C. 50:23–25). |
En
un mundo que está oscureciéndose con
imágenes depravadas y mensajes deshonestos,
ustedes han sido bendecidos
para reconocer más fácilmente los
destellos de la luz y la verdad. Han
aprendido por experiencia propia que
la luz resplandece con mayor fulgor
cuando la reciben con alegría; y se
volverá cada vez más brillante hasta
el día perfecto en que estemos en
presencia de la Fuente de esa luz.
Es más fácil reconocerla en los días
de la Navidad, cuando estamos más
motivados a orar para saber lo que
Dios quiere que hagamos y cuando estamos
más inclinados a leer las Escrituras
y, por lo tanto, más propensos a dedicarnos
a la obra del Señor. Cuando perdonamos
y recibimos perdón, cuando levantamos
las manos caídas (véase D. y C. 81:5),
nosotros mismos somos elevados al
encaminarnos hacia la Fuente de la
luz.
Recordarán que en el Libro de Mormón
se describe una circunstancia gloriosa
cuando en los fieles discípulos del
Salvador se reflejó Su luz, para que
otras personas la vieran (véase 3
Nefi 19:24–25). Nosotros utilizamos
luces para celebrar la Navidad. La
forma en que adoramos al Salvador
y el servicio que le rendimos brindan
luz a nuestra vida y a la de aquellos
que nos rodean.
Podemos establecernos con confianza
la meta de hacer que esta Navidad
sea más resplandeciente que la última,
y que cada año que siga lo sea más
y más. Las pruebas de la vida terrenal
podrán aumentar en intensidad, pero
la oscuridad no tiene porqué aumentar
para nosotros si enfocamos la vista
más particularmente en la luz que
nos ilumina al seguir al Maestro.
Él nos guiará y nos auxiliará a lo
largo del sendero que conduce hacia
aquel hogar que anhelamos. Ha habido
momentos, muchas veces en Navidad,
en los que hemos percibido parte de
lo que experimentaremos cuando por
fin lleguemos al hogar, al Padre que
nos ama y contesta nuestras oraciones
y al Salvador que ha iluminado nuestra
vida y nos ha ennoblecido.
Testifico que, gracias a Él, ustedes
pueden tener la seguridad de volver
al hogar no sólo en Navidad sino también
para vivir eternamente con una familia
a la que aman y cuyos miembros se
aman entre sí. |
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| NOTAS |
| 1. James “Kim” Gannon,
“I’ll Be Home for Christmas” [“Estaré
en mi hogar para Navidad”], 1943. |
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