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Mensajes de
La Primera Presidencia
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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Soportemos
un poco más
POR EL PTE. DIETER F. UCHTDORF
Liahona
enero 2010, págs. 5 - 8 |
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Una
de las lecciones perdurables del
período de Kirtland es que nuestro
espíritu
necesita nutrirse constantemente;
debemos permanecer cerca del Señor
cada día si
queremos superar la adversidad a
la que todos debemos enfrentarnos. |
El
verano pasado mi esposa y yo llevamos
a nuestros nietos gemelos a Kirtland,
Ohio. Para nosotros fue una oportunidad
especial y preciosa de pasar tiempo
con ellos antes de que salieran en
sus misiones.
Durante nuestra visita a ese lugar,
aprendimos a comprender mejor las
circunstancias del profeta José Smith
y de los santos que vivían en Kirtland.
Esa era de la historia de la Iglesia
se conoce como una época de grandes
tribulaciones, pero también de enormes
bendiciones.
El Señor confirió en Kirtland algunas
de las manifestaciones celestiales
y dones espirituales más extraordinarios
que el mundo haya conocido. |
En
Kirtland y lugares circunvecinos se
recibieron sesenta y cinco secciones
de Doctrina y Convenios… revelaciones
que trajeron nueva luz y conocimiento
acerca de temas tales
como la Segunda Venida, el cuidado
de los necesitados, el plan de salvación,
la autoridad del sacerdocio, la Palabra
de Sabiduría, el diezmo, el templo
y la ley de consagración 1.
Fue
un período de progreso espiritual
incomparable; de hecho, el Espíritu
de Dios era tal como un fuego. Durante
este tiempo aparecieron Moisés, Elías
el Profeta, y muchos otros seres celestiales,
incluso nuestro Padre Celestial y
Su Hijo Jesucristo, el Salvador del
Mundo 2.
Una de las muchas revelaciones que
José recibió en Kirtland fue una revelación
llamada la “hoja de olivo… tomada
del Árbol del Paraíso, el mensaje
de paz del Señor a nosotros” (introducción
de D. y C. 88). En esta extraordinaria
revelación se incluye la sublime invitación:
“Allegaos a mí, y yo me allegaré a
vosotros; buscadme diligentemente,
y me hallaréis” (D. y C. 88:63). |
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| Cuando
los santos de Kirtland se allegaron
al Señor, Él en verdad se allegó a
ellos, derramando las bendiciones
de los cielos sobre la cabeza de los
fieles. |
Un
derramamiento espiritual
Tal vez la culminación de esas manifestaciones
espirituales ocurrió durante la dedicación
del Templo de Kirtland el 27 de marzo
de 1836. Uno de los presentes era
William Draper, de 28 años de edad,
que describió el día como un “día
de Pentecostés”. Él escribió: “Fue
tal el derramamiento del Espíritu
del Señor, que la lapicera (pluma)
me resulta insuficiente para escribir
todo, o la lengua para expresarlo;
pero quiero afirmar que el Espíritu
se derramó y vino como el ruido de
un viento poderoso y llenó la
casa, que muchos de los que estaban
presentes hablaron en lenguas, tuvieron
visiones, vieron ángeles y profetizaron,
y en general tuvieron un momento de
regocijo como no se había visto en
esta generación” 3.
Estas manifestaciones espirituales
no se limitaron únicamente a los que
se encontraban dentro del templo,
ya que “la gente de la vecindad llegó
corriendo (al escuchar un ruido extraordinario
en el interior y al ver una luz brillante
como una columna de fuego que descansaba
sobre el templo), y se asombraron
de lo que estaba aconteciendo” 4. |
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Lorenzo
Snow (1814–1901), que más tarde sería
Presidente de la Iglesia, vivía en
Kirtland durante ese bendito período;
él hizo la siguiente observación:
“Uno se habría imaginado que después
de recibir esas maravillosas manifestaciones
ninguna tentación podría haber derrotado
a los santos” 5.
Pero,
naturalmente, las experiencias espirituales
grandiosas no nos liberan de la oposición
ni de las tribulaciones. |
Unos
meses después de la dedicación del
templo, una extensa crisis económica
sacudió los Estados Unidos, y en Kirtland
se sintieron fuertemente los efectos
de ello; los bancos fracasaron, dejando
a muchos en difíciles situaciones
económicas. Y para colmo, muchos de
los santos que inmigraron a Kirtland
llegaron con escasas posesiones materiales,
sin saber lo que harían una vez que
llegaran o cómo sobrevivirían.
Al poco tiempo, se levantaron persecuciones
y se formaron turbas en contra de
los santos. Miembros de la Iglesia
—incluso algunos de los más allegados
al Profeta, muchos de los cuales estuvieron
presentes en la dedicación del templo—
apostataron y condenaron a José como
profeta caído. |
| Mientras
caminaba cerca del Templo de Kirtland
con mi esposa y nietos, medité en
lo trágico que fue que algunos no
hubiesen permanecido fieles incluso
después de las manifestaciones espirituales
de las que habían sido testigos; qué
triste que no pudieran soportar el
ridículo y la crítica de los incrédulos;
qué triste que al enfrentarse con
problemas económicos u otras dificultades
no hubieran echado mano de su fortaleza
interior para permanecer fieles; qué
lamentable que por alguna razón perdieran
de vista la milagrosa cosecha espiritual
que se sintió durante la dedicación
del templo. |
Las
lecciones
¿Qué podemos aprender de esta extraordinaria
era en la historia de la Iglesia?
Una de las grandiosas y perdurables
lecciones del período de Kirtland
es que nuestro espíritu necesita nutrirse
constantemente. Tal como enseñó el
presidente Harold B. Lee (1899–1973):
“El testimonio no es algo que tienen
hoy y que conservarán siempre. El
testimonio va a ir creciendo y creciendo
hasta llegar al intenso fulgor de
la convicción, o va a ir disminuyendo
hasta llegar a nada, según lo que
ustedes hagan con respecto a él. |
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Si
buscamos al Señor con más
diligencia, ciertamente Lo
encontraremos. Nuestros ojos
serán abiertos y Lo veremos
abrir las ventanas de los
cielos y derramar sobre nosotros
más de Su luz. |
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Afirmo
que el testimonio que volvemos a retener
día tras día es lo que nos salva de
las trampas del adversario” 6.
Debemos permanecer cerca del Señor
todos los días si queremos superar
la adversidad a la que todos tenemos
que enfrentarnos.
En ciertas maneras, nuestro mundo
de hoy es semejante a la Kirtland
de la década de 1830; nosotros también
vivimos en épocas de penurias económicas;
hay aquellos que persiguen a la Iglesia
y a sus miembros y los ultrajan. A
veces las tribulaciones personales
y colectivas parecen ser insoportables.
Es entonces cuando necesitamos, más
que nunca, allegarnos al Señor; al
hacerlo, llegaremos a saber lo que
significa que el Señor se allegue
a nosotros. Si Lo buscamos con más
diligencia que nunca, ciertamente
Lo encontraremos; veremos claramente
que el Señor no abandona a Su Iglesia
ni a Sus fieles santos. Nuestros ojos
serán abiertos y Lo veremos abrir
las ventanas de los cielos y derramar
sobre nosotros más de Su luz; encontraremos
la fortaleza espiritual para sobrevivir,
aun durante la más oscura de las noches.
A pesar de que algunos de los santos
de Kirtland perdieron de vista las
experiencias espirituales que tenían,
no fue así con la mayoría; éstos,
entre ellos William Draper, se aferraron
al conocimiento espiritual que Dios
les había dado y continuaron siguiendo
al Profeta. A lo largo del camino
tuvieron más tribulaciones amargas,
pero también más dulce progreso espiritual
hasta que, al final, los que perduraron
hasta el fin fueron “recibidos en…
un estado de interminable felicidad”
(Mosíah 2:41). |
Puedes
soportarlo
Si alguna vez te sientes tentado a
desanimarte o a perder tu fe, recuerda
a esos fieles santos que permanecieron
fieles en Kirtland; soporta un poco
más; ¡puedes lograrlo! Eres parte
de una generación especial; fuiste
preparado y preservado para vivir
en esta época importante en la existencia
de nuestro hermoso planeta tierra.
Eres de linaje celestial y, por lo
tanto, tienes todos los talentos necesarios
para hacer de tu vida una historia
de éxito eterna.
El Señor te ha bendecido con un testimonio
de la verdad; has sentido Su influencia
y has sido testigo de Su poder y,
si sigues buscándolo, Él seguirá concediéndote
experiencias sagradas. Con éstas y
con otros dones espirituales, no sólo
serás capaz de cambiar tu propia vida
para bien, sino que con lo bueno que
hay en ti también podrás bendecir
tu hogar, barrio o rama, comunidad,
ciudad, estado y nación.
Es probable que a veces sea difícil
reconocerlo, pero soporta un poco
más, porque “ojo no vio, ni oído oyó,
ni ha subido al corazón del hombre,
son las que Dios ha preparado para
aquellos que le aman” y que le esperan
(1 Corintios 2:9; véase también D.
y C. 76:10; 133:45). |
Testifico
de la veracidad del evangelio restaurado
de Jesucristo y de la veracidad de
ésta, Su Iglesia. Testifico con todo
mi corazón y alma que Dios vive, que
Jesucristo es Su Hijo y que está a
la cabeza de esta gran Iglesia. Otra
vez tenemos un profeta en la tierra,
sí, el presidente Thomas S. Monson.
Tengamos siempre presentes las lecciones
de Kirtland y soportemos un poco más,
aunque las cosas parezcan deprimentes.
Que sepas y recuerdes esto: El Señor
te ama; Él te recuerda, y Él siempre
apoyará a los que “perseveran con
fe hasta el fin” (D. y C. 20:25). |
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| NOTAS |
1. Véanse por ejemplo
las secciones 45; 56; 76; 84; 89;
97; y 104.
2. Véase D. y C. 76:23; 110:2–4, 11–13.
3. William Draper, “A Biographical
Sketch of the Life and Travels and
Birth and Parentage of William Draper”
(1881), manuscrito, Biblioteca de
Historia de la Iglesia, 2; se actualizó
la ortografía y las reglas para el
uso de las mayúsculas.
4. (History of the Church, tomo II,
pág. 428; citado por James E. Talmage
en La Casa del Señor, pág. 108).
5. Lorenzo Snow, “Discourse”, Deseret
Weekly News, 8 de junio de 1889, pág.
26.
6. Enseñanzas de los presidentes de
la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág.
48. |
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