| La
última dispensación
“Qué maravilloso es que [Dios] nos haya
visto con benevolencia en ésta, la última
dispensación, la dispensación del cumplimiento
de los tiempos, en la cual ha restaurado
Su obra, con todos sus poderes, toda su
gloria, toda la verdad y toda la autoridad
de las dispensaciones anteriores en este
magnífico y último periodo…
“Sé que Dios, nuestro Padre Eterno, vive
y nos ama; que Jesús es Su Hijo Amado,
nuestro Redentor, nuestro Salvador, nuestro
Señor, nuestro Amigo; que José Smith fue
y es un profeta; que esta Iglesia es verdadera;
que ésta es Su obra restaurada en la tierra
para bendecirnos y brindarnos la felicidad”
(conferencia regional, Salt Lake City,
Utah, 4 de mayo de 2003).
Sé que el Evangelio es verdadero
“¿Que si sé que [el Evangelio] es verdadero?
Quiero que todos los presentes hoy en
este salón se den cuenta de que me oyeron
decirles que sé que Dios, nuestro Padre
Eterno, vive. Sé que vive. Sé que es un
ser tangible. Sé que es el gran Dios del
universo. No obstante, sé que soy su hijo
y que ustedes también lo son, y que escucha
y contesta nuestras oraciones.
“Sé que Jesús es el Cristo. Él fue el
gran instrumento en las manos de Dios
para crear la tierra. El Evangelio de
Juan dice: ‘Sin él nada de lo que ha sido
hecho, fue hecho’ (Juan 1:3). Él fue el
Creador. Él fue el Jehová del Antiguo
Testamento. Él fue el niño Jesús que vino
y nació en humildes circunstancias. Él
fue el Mesías que caminó por una senda
solitaria hacia la misión para la que
se le había preordenado, sanando a los
enfermos y resucitando a los muertos.
Él fue el gran Redentor del mundo que
murió en el monte del Calvario y resucitó
al tercer día, como ‘primicias de los
que durmieron’ (1 Corintios 15:20). Fue
Él quien visitó a los nefitas en el continente
americano y les enseñó lo mismo que había
enseñado en la Tierra Santa. Y fue Él
quien, junto con Su Padre, visitó al joven
José y le habló acerca de la Restauración
de esta obra.
“Sé que el sacerdocio se encuentra sobre
la tierra y que está disponible para todo
varón que se muestre digno de él. Sé que
las ordenanzas del templo se hallan sobre
la tierra, las grandes ordenanzas selladoras
que nos permiten permanecer unidos en
familia por tiempo y por toda la eternidad.
Sé que Dios no abandonará esta obra, sino
que se asegurará de que siempre haya alguien
mediante el cual pueda comunicar Sus verdades
a la gente” (reunión en Nairobi, Kenya,
4 de agosto de 2005).
Revelación moderna
“Creemos en la revelación moderna, y esto
es algo maravilloso. Realmente pienso
que si la revelación era necesaria en
la antigüedad, cuando la vida era sencilla,
también resulta esencial hoy, cuando la
vida es compleja. No ha habido ningún
otro momento en la historia de la tierra
en el que los hombres necesitaran más
la revelación que ahora.
“Deseo testificarles, hermanos y hermanas,
que el libro de la revelación no está
cerrado. Dios dirige esta época y habla
actualmente tal y como lo hizo en los
días de Abraham, Isaac y Jacob” (reunión
en Madrid, España, 29 de mayo de 2004).
Pongámoslo a prueba
“Les ruego, mis hermanos y hermanas, que
si tienen alguna duda en cuanto a cualquier
doctrina de esta Iglesia, que la pongan
a prueba. Apliquen el principio. Vívanlo.
Pónganse de rodillas y oren al respecto,
y Dios les bendecirá con el conocimiento
de la veracidad de esta obra” (reunión
en París, Francia, 28 de mayo de 2004).
Elévense por encima del mal
“Mis queridos jóvenes amigos, nunca permitan
que nada se interponga en el camino de
su dignidad para entrar en la casa del
Señor y participar allí en el servicio
grande y maravilloso a favor de aquellos
que han pasado al más allá.
“Se enfrentan a mucha maldad. Elévense
por encima de ella… No sé de ningún otro
momento en la historia del mundo en el
que haya habido más maldad que ahora.
Les profeso mi admiración a ustedes, hombres
y mujeres jóvenes de esta Iglesia que
han permanecido firmes frente al mal.
Que Dios les bendiga y les dé la fortaleza
necesaria para resistir el mal” (reunión
en São Paulo, Brasil, 21 de febrero de
2004).
El propósito de esta obra
“Las insto, queridas hermanas, a que asistan
a la Casa del Señor y que alienten a sus
esposos a acompañarlas. Si se da el caso
de que en esta sala hay personas que nunca
han asistido al templo o que hace mucho
tiempo que no van, les sugiero con todo
el amor de mi corazón que hagan todo lo
necesario para reunir las condiciones
necesarias para hacerlo. Si no lo han
hecho todavía, indudablemente no han captado
lo que es la Iglesia en realidad. El propósito
mismo de esta obra, como lo declaró el
Dios del cielo, consiste en llevar a cabo
la inmortalidad y la vida eterna de hombres
y mujeres [véase Moisés 1:39]. ¿Aman a
su esposo? ¿Aman a sus hijos, nietos y
bisnietos? Entonces, no pierdan la oportunidad
de unirse a ellos en un convenio eterno
que el tiempo no puede destruir ni la
muerte puede romper. No hay ninguna otra
manera de lograrlo… “Y si tenemos al alcance
estas bendiciones en esta generación,
¿acaso un Dios justo no proveería una
manera de extenderlas a sus antepasados
que no gozaron de tal oportunidad?” (reunión
de Sociedad de Socorro de estaca, Salt
Lake City, Utah, 20 de marzo de 2002).
Acudan al templo
“Deseo decir a todos los presentes: Acudan
al templo. Manténganse dignos de frecuentarlo.
Cumplan los mandamientos de Dios para
que puedan asistir a él. Hagan todo aquello
que les permitirá ser dignos de servir
en la casa del Señor. Se ha construido
para ustedes, mis hermanos y hermanas,
para que tengan la oportunidad de asistir
y recibir las maravillosas bendiciones
que no se hallan en ningún otro lugar
del mundo, excepto en otros templos, donde
pueden sellarse como esposo y esposa,
donde sus hijos pueden sellarse a ustedes,
donde pueden hacer la obra a favor de
sus antepasados que se han ido al más
allá. Esa obra grande, magnífica y maravillosamente
desinteresada tiene lugar en la Casa del
Señor. Acudan al templo” (reunión en Aba,
Nigeria, 6 de agosto de 2005).
Vivan dignos del sacerdocio
“Dios les ha otorgado [a los poseedores
del sacerdocio] algo que tiene un carácter
poderoso, divino, real y útil. Les ha
bendecido con la esencia misma de Su poder,
con la autoridad de hablar en Su sagrado
nombre y llevar a cabo Su obra de bendecir,
enseñar, alentar, ayudar y gobernar los
asuntos de Su reino: El poder del real
sacerdocio. Respecto a esto, no hay nada
trivial ni nada a lo que se le deba restar
valor. Se trata de Su poder divino, el
poder mediante el cual se creó la tierra
y que impulsa Su obra. Y Él se ha dignado,
por así decirlo, a otorgarnos a ustedes
y a mí, en un acto de bondad y generosidad,
ese poder y autoridad. Ah, cómo deberíamos
esforzarnos por vivir dignos de él, y
nunca hacer nada que destruya nuestra
eficacia como hijos Suyos para ejercer
aquello tan divino, sagrado y excepcional
a lo que llamamos el santo sacerdocio”
(conferencia regional, Pleasant Grove,
Utah, 19 de enero de 2003).
Las bendiciones que recibimos
por ser miembros de la Iglesia
“Qué maravilla es formar parte de esta
Iglesia. ¿Se han detenido a pensar en
lo vacía que sería su vida sin ella? Cuán
agradecidos deberíamos estar… por las
extraordinarias bendiciones que recibimos
mediante el evangelio de Jesucristo. Gracias…
por ser Santos de los Últimos Días fieles
y por procurar educar a sus hijos en la
luz y la verdad, con amor por el Señor
y Su grande y santa obra” (conferencia
de estaca, West Valley City, Utah, 10
de noviembre de 2002).
La misión divina de Jesucristo
“Formamos una gran familia, vinculada
con una unión de amor y fe. La bendición
que disfrutamos es magnífica, como pueblo
y como personas individuales. Llevamos
en el corazón una convicción firme e inquebrantable
de la misión divina del Señor Jesucristo.
“Él fue el gran Jehová del Antiguo Testamento,
el Creador que, bajo la dirección de Su
Padre, hizo todas las cosas y ‘sin él
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho’
(Juan 1:3). Él fue el Mesías prometido,
que vino con salvación en Sus alas. Fue
el gran Autor de milagros, el gran Sanador,
la Resurrección y la Vida. Su nombre es
el único bajo el cielo mediante el cual
podemos ser salvos [véase Hechos 4:12]…
“Vino como un don de Su Padre Eterno.
‘Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16).
“De buena voluntad accedió a abandonar
Su trono en lo alto y venir a la tierra
para nacer en un pesebre, en una nación
subyugada. Recorrió los polvorientos senderos
de aquella tierra, sanando a los enfermos,
enseñando la doctrina, bendiciendo a todos
los que le aceptaban…
“En el monte del Calvario dio su vida
por cada uno de nosotros. Éste es el mayor
don que ninguno de nosotros pueda recibir.
Es el don de la Resurrección y de la vida
eterna.
“Honramos Su nacimiento, pero sin Su muerte,
ese nacimiento hubiera sido sólo uno más.
Fue la redención que llevó a efecto en
el jardín de Getsemaní y en el Calvario,
en la cruz, lo que hizo que su don se
convirtiera en algo inmortal, universal
y sempiterno. Aquélla fue una gran Expiación
por los pecados de toda la humanidad.
Él es la Resurrección y la Vida, las ‘primicias
de los que durmieron’ (1 Corintios 15:20).
Gracias a Él, todos los hombres se levantarán
de la tumba.
“Le amamos, le honramos, le agradecemos,
le adoramos. Hizo por nosotros y por toda
la humanidad lo que nadie más podía hacer.
Alabado sea Dios por el don de Su Hijo
Amado, nuestro Salvador, el Redentor del
mundo, el Cordero sin mancha, que fue
ofrecido en sacrificio por toda la humanidad”
(reunión espiritual misional, 15 de diciembre
de 2002).
Las bendiciones de la Expiación
“La Expiación [de Jesucristo] es el acontecimiento
más trascendental de la historia de la
humanidad. No hay nada que se le pueda
comparar. Es la parte más esencial del
plan de felicidad del Padre para Sus hijos.
Sin ella, la vida terrenal sería un callejón
sin salida, una existencia sin esperanza
ni futuro. El don de nuestro divino Redentor
brinda una dimensión completamente nueva
a nuestra vida. Gracias al sacrificio
de nuestro Salvador, la muerte, en vez
de ser un crepúsculo sombrío, es sólo
un paso hacia esferas más gloriosas. La
resurrección se convierte en una realidad
para todos y la vida eterna se pone a
disposición de aquellos que caminen en
obediencia a Sus mandamientos” (transmisión
vía satélite de la conferencia de estaca
de Australia, 12 de febrero de 2005).
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