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Mensajes de
La Primera Presidencia
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| El
hecho de saber
de otras personas
que confiaron en
Dios y siguieron Sus
enseñanzas susurra
a nuestra alma las
palabras: “Estad
quietos, y conoced
que yo soy Dios”. Si
seguimos el ejemplo
que nos dejaron,
nosotros también
seremos bendecidos.
Cada uno de ellos
es un modelo que
debemos seguir. |
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| Noé
tuvo una fe inquebrantable
para obedecer los mandamientos
de Dios.
Ojalá que siempre
hagamos lo mismo…
la lección más grande
que podemos
aprender en la tierra
es que cuando Él
nos habla y le obedecemos,
siempre haremos
lo correcto. |
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| Hoy
se encuentra
entre nosotros
otro profeta de Dios,
nuestro amado presidente Gordon B.
Hinckley. Él se ha esforzado
incansablemente
por llevar bendiciones sagradas a los miembros de
la Iglesia de todo el mundo. |
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| A
través de las
generaciones,
el mensaje
de Jesús ha sido el
mismo: “Venid en
pos de mí”. |
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| Mensaje de La
Primera Presidencia |
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Nos
marcaron
el camino a seguir
POR
EL PRESIDENTE THOMAS S. MONSON
Primer Consejero
de la Primera Presidencia
Liahona,
Octubre 2007, págs. 3 – 7 |
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Hace
muchos años admiré la cubierta de una de
las publicaciones de nuestra Iglesia en
la que aparecía una magnífica
fotografía de un cuadro de Carl Bloch. La
escena que el artista captó en su imaginación
y que, con la ayuda del Señor, reprodujo
en el lienzo, representaba a Elisabet, la
esposa de Zacarías, recibiendo a María,
la madre de Jesús. Ambas iban a dar a luz
varones, los dos de nacimiento milagroso.
Al hijo que le nació a Elisabet se le conoció
como Juan el Bautista. Lo mismo que pasa
con Jesús, el hijo de María, ocurre con
Juan: muy poco se registró de sus años de
crecimiento. Todo lo que sabemos de la vida
de Juan, desde su nacimiento hasta su ministerio
público, está encerrado en una sola cláusula:
“Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu;
y estuvo en lugares desiertos hasta el día
de su manifestación a Israel”1.
El mensaje de Juan era breve; predicó la
fe, el arrepentimiento, el bautismo por
inmersión y el otorgamiento del Espíritu
Santo por medio de una autoridad superior
a la que él poseía. “Yo no soy el Cristo”,
declaró a sus fieles discípulos, “sino que
soy enviado delante de él”2.
“Yo a la verdad os bautizo en agua; pero
viene uno más poderoso que yo… él os bautizará
en Espíritu Santo y fuego”3.
Después tuvo lugar el bautismo de Cristo
por Juan el Bautista. Más adelante, Jesús
testificó: “Entre los que nacen de mujer
no se ha levantado otro mayor que Juan el
Bautista”4.
Todos necesitamos ejemplos, modelos a seguir.
Juan el Bautista nos proporciona un ejemplo
perfecto de verdadera humildad, por haberse
sometido siempre a Aquel que vendría después:
el Salvador de la humanidad.
Modelos de fe
El hecho de saber de otras personas que
confiaron en Dios y siguieron sus enseñanzas
susurra a nuestra alma las palabras: “Estad
quietos, y conoced que yo soy Dios”5.
Al guardar Sus mandamientos con firmeza
y confiar en Él, fueron bendecidas. Si seguimos
el ejemplo que nos dejaron, nosotros también
seremos bendecidos. Cada uno de ellos es
un modelo que debemos seguir.
A todos nos gusta el hermoso relato de Abraham
e Isaac que se encuentra en la Biblia. Cuán
terriblemente difícil debió de
haberle sido a Abraham tomar a su amado
Isaac, obedeciendo el mandamiento de Dios,
y llevarlo a la tierra de Moriah para presentarlo
allí como holocausto. ¿Se imaginan lo apesadumbrado
que tendría el corazón mientras juntaba
la leña para el fuego y emprendía la jornada
al lugar señalado? No hay duda de que el
dolor le agobió el cuerpo y atormentó la
mente cuando “ató a Isaac… y lo puso en
el altar sobre la leña. “Y
extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo
para degollar a su hijo.” ¡Qué gloriosa
la declaración que oyó y con cuánta admiración
debió de haberla recibido! “No extiendas
tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada;
porque ya conozco que temes a Dios, por
cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”6.
Abraham reúne los requisitos como modelo
de obediencia intachable. Si alguno de nosotros
piensa que no le es posible superar sus
dificultades, debe leer sobre Job; al hacerlo,
sentimos que “si Job pudo soportar y superar
lo que le pasó, yo también puedo”.
Job era un “hombre perfecto y recto, temeroso
de Dios y apartado del mal”7.
Piadoso y próspero, tuvo que enfrentar una
prueba que habría destruido a cualquier
otro. Después de ser despojado de sus posesiones,
menospreciado por sus amigos, afligido con
sufrimiento y destrozado por haber perdido
a su familia, se le dijo: “Maldice a Dios,
y muérete” 8. Él resistió
esa tentación y, desde lo profundo de su
alma noble, declaró: “He aquí que en los
cielos está mi testigo, y mi testimonio
en las alturas”9.
“Yo sé que mi Redentor vive”10.
Job se convirtió en un modelo de paciencia
ilimitada. Hasta el día de hoy nos referimos
a alguien que haya sufrido con
longanimidad diciendo que “tiene la paciencia
de Job”. Él nos ha dado un ejemplo que debemos
seguir.
Obedecer y vivir
El profeta Noé era un “varón justo… perfecto
en sus generaciones”, que “con Dios caminó”11.
Habiendo sido ordenado al sacerdocio a temprana
edad, “se convirtió en predicador de la
rectitud y declaró el Evangelio de Jesucristo…
enseñando fe, arrepentimiento, bautismo
y la recepción del Espíritu Santo”12.
Advirtió a la gente que el no prestar atención
a su mensaje acarrearía inundaciones sobre
los que escucharan su voz y, a pesar de
ello, no obedecieron sus palabras. |
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Noé
obedeció el mandato de Dios de construir
un arca para que él y su familia se
libraran de la destrucción; siguiendo
instrucciones de Dios llevó al arca
una pareja o más de toda criatura
viviente a fin de que también se salvaran
de las aguas.El presidente Spencer
W. Kimball (1895–1985) dijo en una
conferencia general, hace más de medio
siglo: “Y como aún no había evidencias
de lluvia ni de diluvio… sus amonestaciones
se consideraron irracionales… ¡Qué
absurdo construir un arca en tierra
seca, mientras el sol brillaba y la
vida transcurría normalmente! Pero
el tiempo de gracia se acabó… vino
el diluvio y los desobedientes… se
ahogaron. El milagro del arca fue
el resultado de la fe que se manifestó
al construirla”13.
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| Noé
tuvo una fe inquebrantable para obedecer
los mandamientos de Dios. Ojalá que
siempre hagamos lo mismo. Recordemos
que muchas veces la sabiduría de Dios
parece tontería para el hombre; pero
la lección más grande que podemos
aprender en la tierra es que cuando
Él nos habla y le obedecemos, siempre
haremos lo correcto. |
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Rut
es un modelo de la mujer ideal. Al percibir
la gran congoja de su suegra Noemí, que
había perdido a sus dos buenos hijos,
sintiendo quizás el dolor de la desesperación
y soledad que la afligían en lo más profundo
de su alma, Rut pronunció
lo que ha llegado a ser una clásica declaración
de lealtad: “No me ruegues que te deje,
y me aparte de ti; porque a dondequiera
que tú fueres, iré yo, y dondequiera que
vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo,
y tu Dios mi Dios”14.
Las acciones de Rut demostraron la sinceridad
de sus palabras.
Debido a su firme lealtad hacia Noemí,
Rut había de casarse con Booz, por lo
cual ella, la extranjera y conversa moabita,
llegó a ser bisabuela de David y, por
lo tanto, un antepasado de nuestro Salvador
Jesucristo.
Modelos de obediencia
Me voy a referir ahora a Nefi, un extraordinario
profeta del Libro de Mormón, hijo de Lehi
y Saríah. Era fiel y obediente a Dios,
valiente y audaz. Cuando se le dio la
difícil tarea de obtener las planchas
de bronce de Labán, no murmuró sino que
dijo: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado,
porque sé que él nunca da mandamientos
a los hijos de los hombres sin prepararles
la vía para que cumplan lo que les ha
mandado”15. Ese
acto de valor tal vez haya inspirado estas
palabras de
consejo de una estrofa del himno “La barra
de hierro”:
A Nefi, un profeta fiel…
Dios una barra le mostró
en una gran visión.
La barra de hierro firme es.
Asidla sin cesar.
La barra es la palabra de Dios;
a salvo nos puede guiar16.
Nefi fue un ejemplo de constante determinación.
Ninguna descripción de modelos a seguir
estaría completa sin incluir a José Smith,
el primer Profeta de esta dispensación.
Con sólo catorce años, este valiente jovencito
se internó en una arboleda, a la que más
tarde se calificaría de sagrada, y recibió
una respuesta a su oración sincera.
A continuación, José fue objeto de una
encarnizada persecución al hacer saber
a otras personas el relato de la gloriosa
visión que había recibido en aquel bosque.
No obstante, a pesar de que se le ridiculizó
y menospreció, permaneció firme, y dijo:
“…había visto una visión; yo lo sabía,
y sabía que Dios lo sabía; y no podía
negarlo, ni osaría hacerlo”17.
Paso a paso, enfrentando la oposición
casi constantemente pero siempre guiado
por la mano del Señor, José organizó La
Iglesia de Jesucristo de los Santos de
los Últimos Días. En todo lo que hizo
demostró su valor.
Hacia el final de su vida, cuando los
conducían a él y a su hermano Hyrum a
la cárcel de Carthage, enfrentó con valor
lo que, sin duda, sabía que le esperaba,
y selló su testimonio con su sangre.
Al hacer frente a las pruebas de la vida,
ojalá que siempre emulemos el valor que
demostró el profeta José Smith.
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Un
modelo de optimismo
Hoy se encuentra entre nosotros otro
profeta de Dios, nuestro amado presidente
Gordon B. Hinckley, que ha presidido
la expansión más grande en la historia
de la Iglesia, tanto numérica como
geográficamente. Él ha atravesado
fronteras que ningún presidente de
la Iglesia había cruzado jamás, y
se ha reunido con líderes de gobierno
y con miembros por todo el mundo.
Su amor por la gente traspasa las
barreras de idiomas y culturas. |
Con
visión profética, ha instituido el
Fondo Perpetuo para la Educación,
el cual pone fin al ciclo de pobreza
de nuestros miembros en muchas partes
del mundo y proporciona conocimientos
y capacitación que preparan a los
jóvenes de ambos sexos para obtener
un buen empleo.
Ese
plan inspirado ha encendido la luz
de esperanza en los que pensaban que
se hallaban condenados a vivir en
la mediocridad y que ahora tienen
la oportunidad de un futuro mejor.
El presidente Hinckley se ha esforzado
incansablemente por llevar bendiciones
sagradas a los miembros de la Iglesia
de todo el mundo al construir templos
que estén al alcance de todos. Él
tiene la capacidad de levantar a un
plano más elevado a personas de toda
condición social, sea cual sea su
afiliación religiosa. |
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Es
un modelo de incansable optimismo,
y lo veneramos como Profeta, Vidente
y Revelador.
Las cualidades singulares que poseen
los hombres y las mujeres que he mencionado
serán de invalorable ayuda para nosotros
cuando hagamos frente a los problemas
y a las pruebas que nos esperen. Para
ilustrar este punto, quisiera mencionar
la experiencia por la que pasó la
familiaPollard, de Oakland, estado
de California.
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La
fe de una familia
Hace unos años, cuando el élder Taavili
Joseph Samuel Pollard se dirigía a la oficina
de la misión el último día de su misión
en Zimbabwe, el auto en el que viajaba viró
sin control y chocó contra un árbol. Un
transeúnte pudo rescatar a su compañero,
pero el élder Pollard, que estaba inconsciente,
quedó atrapado en el vehículo, que estalló
en llamas, y pereció. Su madre había fallecido
ocho años atrás, por lo que el padre estaba
criando solo a su familia. Uno de sus hermanos
prestaba servicio en la Misión de las Indias
Occidentales.
Cuando el padre se enteró de la muerte del
élder Pollard, ese hombre humilde que ya
había perdido a la esposa llamó al hijo
que estaba en la Misión de las Indias Occidentales
para darle la noticia de la muerte de su
hermano. Por aquella línea de larga distancia,
el hermano Pollard y su hijo, indudablemente
llenos de dolor y angustia, cantaron juntos
“Soy un hijo de Dios”18.
Antes de terminar la llamada, el padre ofreció
una oración a nuestro Padre Celestial, dándole
gracias por Sus bendiciones y suplicando
Su consuelo divino.
Más adelante, el hermano Pollard comentó
que sabía que su familia estaría bien, porque
todos tienen firmes testimonios
del Evangelio y del plan de salvación.
Mis
hermanos y hermanas, al pasar por la vida
terrenal y enfrentar las pruebas y dificultades
del futuro en esta maravillosa dispensación
del cumplimiento de los tiempos, recordemos
los ejemplos de estos modelos a seguir.
Que tengamos la sincera
humildad de Juan el Bautista, la obediencia
incondicional de Abraham, la paciencia ilimitada
de Job, la inquebrantable fe de Noé, la
invariable lealtad de Rut, la constante
determinación de Nefi, el denodado valor
de José Smith y el optimismo infalible del
presidente Hinckley. Esas características
serán un baluarte de fortaleza en el transcurso
de nuestra vida.
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El
Ejemplo supremo
Que siempre nos guíe el Ejemplo supremo,
el hijo de María, el Salvador Jesucristo
cuya vida proporcionó el modelo perfecto
que debemos seguir. Nacido en un establo,
acunado en un pesebre, descendió de
los cielos para vivir en la tierra
como un ser mortal y para establecer
el reino de Dios. Durante Su ministerio
terrenal, Él enseñó a los hombres
una ley más alta. Su glorioso Evangelio
reformó las ideas del mundo. Bendijo
a los enfermos, hizo que el cojo caminara,
que el ciego viera y que el sordo
oyera. Incluso levantó muertos para
que volvieran a vivir. |
¿Y cómo reaccionaron a Su mensaje
de misericordia, a Sus palabras de
sabiduría, a Sus lecciones de la vida?
Hubo unos pocos escogidos que lo apreciaron,
le lavaron los pies, aprendieron Su
palabra, siguieron Su ejemplo.Pero
también hubo muchos que lo negaron.
Cuando Pilato les preguntó: “¿Qué,
pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”19,
gritaron: “¡Crucifícale!”20.
Se burlaron de Él; le dieron a beber
vinagre; lo injuriaron; lo golpearon
con una caña; le escupieron encima
y lo crucificaron.
A través de las generaciones, el mensaje
de Jesús ha sido el mismo. En las
orillas del hermoso mar de Galilea,
a Pedro y a Andrés les dijo: “Venid
en pos de mí”21.
Llamó a Felipe de antaño, diciendo:
“Sígueme”22.
Al publicano que estaba sentado al
banco de los tributos públicos dio
la instrucción: “Sígueme”23.
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Y
a ustedes y a mí, con sólo escuchar,
nos llegará esa misma invitación:
“Venid en pos de mí”.
Que todos podamos hacerlo y cosechar
las recompensas eternas reservadas
para aquellos que sigan el camino
que Él marcó con Su vida ejemplar.
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| NOTAS |
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1. Lucas 1:80.
2. Juan 3:28.
3. Lucas 3:16.
4. Mateo 11:11.
5. Salmos 46:10.
6. Génesis 22:9–10, 12.
7. Job 1:1.
8. Job 2:9.
9. Job 16:19.
10. Job 19:25.
11. Génesis 6:9.
12. Bible Dictionary, “Noah”, págs.
738–739.
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13.
En Conference Report, oct. de 1952,
pág. 48. Historia 1:25.
14. Rut 1:16.
15. 1 Nefi 3:7.
16. Joseph L. Townsend (1849–1942),
Himnos, Nº 179.
17. José Smith–
18. Naomi W. Randall (1908–2001),
Himnos, Nº 301.
19. Mateo 27:22.
20. Marcos 15:13.
21. Mateo 4:19.
22. Juan 1:43.
23. Lucas 5:27. |
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