MAS
 
 
 
 
 
 
 
 

Las consideramos una parte vital del cuerpo principal de la Iglesia y rogamos que cuando destacamos naturalmente a la familia, no lleguen a pensar que se las aprecia menos o que valen menos para el Señor o para su Iglesia. Los vínculos sagrados de los miembros de la Iglesia son mucho más importantes que el estado civil, la edad o las circunstancias actuales; su valor individual, como hijas de Dios, supera todo lo demás.

 
 
 
 
 

La hermana Eliza R. Snow dijo: “Ninguna hermana se encuentra tan aislada, ni tiene su espera tan limitada, que no pueda hacer un gran aporte al establecimiento del reino de Dios sobre la tierra” (“An Address” Women´s Exponent, 15 de septiembre de 1873, pág. 62).

 
 
 
 
 

El Pte. David O. McKay dijo: “una mujer bella, modesta y refinada es la obra maestra de la creación. Cuando además de esas virtudes posee, como estrellas que guían su vida, rectitud y santidad y un impulso irresistible y el deseo de hacer felices a los demás, nadie pondrá en duda de que ella estará entre aquellos verdaderamente grandes”( Gospel Ideals, 1953, pág. 449)

Home MAS Artículos Para las hermanas adultas solteras - Pte. Benson
La sección de las MAS
Para las hermanas
adultas solteras
de la Iglesia


Pte. Ezra Taft Benson
Extraído de un discurso pronunciado en la reunión general de mujeres, llevada a cabo el 24 de septiembre de 1988 - Sermones y escritos del Presidente Ezra Taft Benson, págs.183- 189
Hermanas adultas solteras de toda la Iglesia, quiero que sepan de mi profundo amor y aprecio por ustedes. . . por su bondad, por su fidelidad, su deseo de servir al Señor con todo su corazón, para que “la verdadera luz de Cristo brille [en ustedes]. . . para glorificar Su nombre” [Carolyn J. Rasmus, “Come, Hold Your Torches High”; 1987, págs. 10-11]
Vemos que tantas de ustedes viven vidas cristiana, dignas de imitar, y prestan un servicio tan dedicado a la Iglesia.
Las vemos dirigiendo la música en la Primaria y, en virtud de su gran amor y preocupación, los ojos de los niños se iluminan al entonar los himnos de Sión.
Las vemos enseñando, por medio del espíritu y con excelente preparación, clases en la Sociedad de Socorro, en las Mujeres Jóvenes, La Primaria y la Escuela Dominical, así como expresando su testimonio de las verdades del Evangelio e influyendo en la vida de los demás.
Vemos a muchas de ustedes trabajando eficazmente con nuestras jovencitas, llevándolas a campamentos, dirigiendo [obras de] teatro, yendo a sus bailes y siendo un gran ejemplo y verdaderas amigas para ellas.
Las vemos sirviendo con devoción y dedicación misiones de tiempo completo para el Señor, y regresando del campo misional con una capacidad para servir aún mayor.
Las vemos en los barrios para personas solteras, así como en los regulares, esforzándose por ayudar a los menos activos, a los tímidos, a los afligidos, tratando de socorrer a la viuda, al convaleciente, al solitario, y extendiéndoles a todos la invitación de venir a Cristo.
Nos damos cuenta de que sabios obispos y presidentes de estaca las llaman para que cumplan responsabilidades de liderazgo, tanto en los barrios como en las estacas; las vemos presidiendo las organizaciones de la Sociedad de Socorro, de Mujeres Jóvenes y de la Primaria, donde sus talentos y aptitudes se aprovechan al máximo.
Las consideramos una parte vital del cuerpo principal de la Iglesia y rogamos que cuando destacamos naturalmente a la familia, no lleguen a pensar que se las aprecia menos o que valen menos para el Señor o para su Iglesia. Los vínculos sagrados de los miembros de la Iglesia son mucho más importantes que el estado civil, la edad o las circunstancias actuales; su valor individual, como hijas de Dios, supera todo lo demás.
Sabemos, también, que tienen necesidades y exigencias especiales; tengan la seguridad de que somos conscientes de ello.
Quisiera expresarle la esperanza que tenemos por cada una de ustedes, la cual es muy real: que lleguen a ser exaltadas en el grado más alto de gloria del reino celestial y que puedan entrar en el nuevo y eterno convenio del matrimonio.
Queridas hermanas, nunca pierdan de vista esta meta sagrada; mediante la oración, prepárense para recibirla y vivan para lograrla. Contraigan matrimonio para de la manera prescrita por el Señor. El matrimonio en el templo es una ordenanza de exaltación del Evangelio y nuestro Padre Celestial desea que cada una de sus hijas posea esa bendición eterna.
Por lo tanto, no malgasten su felicidad buscando la compañía de alguien que no pueda llevarlas dignamente al templo. Tomen la decisión, ahora, de que este es el lugar donde van a contraer matrimonio. El dejar esa decisión hasta el momento en que comiencen algún romance es correr un gran riesgo cuyas consecuencias en este momento no pueden prever en su totalidad.
Y recuerden una cosa: no tienen que abandonar sus normas de moralidad sólo por conseguir un compañero. Consérvense atractivas, mantengas sus altas normas de moralidad, mantengan su autorrespeto. No participen en actos de intimidad que les traerán problemas y aflicción. Procuren estar en aquellos ambientasen donde les sea posible conocer a hombres dignos y participen en actividades constructivas.
Al seleccionar a un compañero, no esperen la perfección. No se preocupen tanto por su apariencia física y su cuenta bancaria, sino más bien por sus cualidades más importantes. Por cierto que les deberá parecer atractivo y deberá se capaz de proveer económicamente para ustedes, pero, ¿posee un testimonio firme? ¿Vive los principios del evangelio y magnifica su sacerdocio? ¿Es activo en su barrio y estaca? ¿Le gusta el hogar y la familia, y llegará a ser un esposo fiel y un buen padre? Estas son las cualidades que verdaderamente importan.
Quisiera también advertir a las hermanas solteras que no se vuelvan tan independientes ni confíen tanto en ustedes mismas que lleguen a pensar que el matrimonio no vale la pena y que vivir solas da lo mismo. Algunas de nuestras hermanas han indicado que no están dispuestas a considerar en matrimonio sino hasta después de haber obtenido su título o finalizado su carrera. Eso no esta bien. Ciertamente deseamos que nuestras hermanas alcancen el máximo de su potencial individual, que obtengan una buena educación y se destaquen en su actual ocupación; tienen mucho que contribuir a la sociedad, a su comunidad, a su vecindario. Pero rogamos fervientemente que nuestras hermanas solteras deseen un matrimonio honorable en el templo con un hombre digno y críen una familia recta, aunque eso signifique sacrificar los títulos o las carreras. Cuando nos demos cuenta de que no hay llamamiento más sublime que el de ser una madre y esposa honorables, significará que hemos puesto lo que tiene prioridad en el plano debido.
Reconozco también que no todas las mujeres de la Iglesia tendrán la oportunidad de casarse y ser madres en esta vida, pero si aquellas de ustedes que se encuentran en esta situación son dignas y perseveran fielmente, pueden tener la seguridad de que recibirán todas las bendiciones de un Padre Celestial misericordioso y amoroso; y recalco, todas las bendiciones.
Les aseguro que si tienen que esperar hasta la otra vida para ser bendecidas con un compañero recto, Dios ciertamente les compensará. El tiempo le es medido solamente al hombre; Dios tiene en cambio la perspectiva eterna de ustedes.
Reconozco también que algunas de nuestras hermanas han enviudado o se han divorciado; pero mi corazón está con ustedes que se encuentran en esas circunstancias. Las Autoridades Generales oran por ustedes y sentimos la gran responsabilidad de asegurarnos de que tienen lo que necesitan. Confíen en el Señor; estén seguras de que Él y nosotros les amamos.
Si son madres solteras, hagan amistad con otras que se encuentren en situaciones similares, así como con parejas de casados. Pidan consejo a sus líderes del sacerdocio y háganles saber sus necesidades y deseos. El Señor las comprende; Él conoce las necesidades especiales que tienen; ustedes son Sus hijas; Él las ama y bendecirá y apoyará. De eso estoy seguro.
Ahora quisiera dirigirme a todas las hermanas adultas solteras, cualquiera sea su situación actual:
Sean fieles; guarden los mandamientos; establezcan una relación estrecha y constante con el Señor Jesucristo. Tengan la seguridad de que él está ahí, siempre presente; búsquenle. Él contesta las oraciones y ofrece paz y esperanza. En las palabras del Salmista: “Esperanza mía, y castillo mío. . . en quién confiaré” (Salmos 91:2). Estudien cuidadosamente la vida del Salvador porque Él es nuestro gran ejemplo.
Hagan que las escrituras las acompañen constantemente; lean diariamente el Libro de Mormón, benefíciense con su fortaleza y poder espiritual.
Comprendan el valor personal que poseen. Nunca se degraden. Reconozcan su fortaleza interior par que, con la ayuda de Dios, “Todo lo pued[an] en Cristo que [las] fortalece (Filipenses 4:13) La vida no empieza sólo cuando uno se casa; hay cosas importantes que deben hacer ahora mismo.
La hermana Eliza R. Snow dijo: “Ninguna hermana se encuentra tan aislada, ni tiene su espera tan limitada, que no pueda hacer un gran aporte al establecimiento del reino de Dios sobre la tierra” (“An Address” Women´s Exponent, 15 de septiembre de 1873, pág. 62).
Participen activamente en al Iglesia. Asistan a todas las reuniones y actividades designadas para los adultos solteros.
Sirvan a los demás; en vez de volverse introvertidas olvídense de ustedes mismas y sirvan a los demás en sus respectivos llamamientos de la Iglesia, en actos personales de servicio caritativo, y en actos anónimos de bondad y servicio.
Si realmente desean recibir gozo y felicidad, sirvan a todos los demás con todo su corazón; aligeren sus cargas y las suyas se harán también más ligeras. Ciertamente, tal como dijo Jesús de Nazaret:”El que halla su vida la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39).
Continúen siempre progresando; establezcan metas personales y esfuércense por lograrlas. Mejoren física, social, mental y espiritualmente. . . continúen aprendiendo, progresando y sirviendo a los demás.
Y por último, mis queridas hermanas, den gracias al Señor por sus bendiciones: piensen más en lo que tienen que en lo que no tienen. Mediten constantemente en la bondad del Señor para con ustedes. Recuerden lo que él dijo al Profeta José: “Y el que reciba todas las cosas con gratitud será glorificado; y le serán añadidas las cosas de esta tierra, hasta cien tantos, si, y más” (D. y C. 78:19)
Mi humilde deseo para las maravillosas hermanas solteras de la Iglesia es que reciban todo lo que el Padre tiene, “hasta cien tantos, si, y más”.
Y les prometo que así será. Si continúan fieles, firmes, y le sirven a Él con todo su corazón, alma, mente, y fuerza, recibirán todas las bendiciones de nuestro Padre Celestial.
Son hijas elegidas de nuestro Padre Celestial; son joyas en su corona; su virtud y pureza les dan más valor que los rubíes.
El presidente David O. McKay dijo: “una mujer bella, modesta y refinada es la obra maestra de la creación. Cuando además de esas virtudes posee, como estrellas que guían su vida, rectitud y santidad y un impulso irresistible y el deseo de hacer felices a los demás, nadie pondrá en duda de que ella estará entre aquellos verdaderamente grandes”( Gospel Ideals, 1953, pág. 449).
Dios la bendiga y sostenga siempre. Con el amor que siento en mi corazón hacia ustedes, queridas hermanas, les dejo mi bendición.
 
© 2007 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. Rights and use information.