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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Abril 2008
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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El
matrimonio entre el hombre y la mujer
es ordenado por Dios
¿Por
qué es el matrimonio entre el hombre y la
mujer ordenado por Dios?
D.
y C. 49:16–17:
“… los dos serán una sola carne, y todo esto
para que la tierra cumpla el objeto de su
creación; y para que sea llena con la medida
del hombre, conforme a la creación de éste
antes que el mundo fuera hecho”.
Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad
de Socorro: “Creemos en la formación
de familias eternas, lo que significa que
creemos en casarnos… Sabemos que en el gran
conflicto preterrenal nos pusimos de parte
de nuestro Salvador Jesucristo para preservar
nuestro potencial de pertenecer a familias
eternas” (“Lo que las mujeres Santos de los
Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e inquebrantables”,
Liahona, noviembre de 2007, pág. 110).
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Élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce
Apóstoles: “Hay dos razones doctrinales
convincentes que nos ayudan a entender por
qué el matrimonio eterno es esencial para
el plan del Padre.
Razón 1: La
naturaleza del espíritu del hombre y la naturaleza
del espíritu de la mujer se complementan y
se perfeccionan mutuamente y, por tanto, se
ha dispuesto que progresen juntos hacia la
exaltación…
Razón 2: Por
designio divino, se necesitan tanto el hombre
como la mujer para traer hijos a la tierra
y para proporcionar el mejor entorno para
la crianza y el cuidado de los hijos…
“Como hombres y mujeres, esposos y esposas,
y como líderes de la Iglesia, una de nuestras
responsabilidades más importantes es ayudar
a los hombres y a las mujeres jóvenes, mediante
nuestro ejemplo personal, a aprender en cuanto
al matrimonio honorable y a prepararse para
el mismo. Si las mujeres y los hombres jóvenes
observan en nuestro matrimonio dignidad, lealtad,
sacrificio y el cumplimiento de convenios,
entonces esos jovencitos se esforzarán por
emular los mismos principios… Al considerar
la importancia de nuestro ejemplo personal,
¿se dan cuenta ustedes y yo de los aspectos
en donde tenemos que mejorar?” (véase “El
matrimonio es esencial para Su plan eterno”,
Liahona, junio de 2006, págs. 51–52, 54).
¿Cuál es mi
responsabilidad al saber que el matrimonio
es ordenado por Dios?
Élder Russell
M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles:
“…consideremos… las acciones concretas que
fortalecen al matrimonio…
“El apreciarse… el compañero agradecido
busca lo bueno en su cónyuge y ambos se dicen
cumplidos en forma sincera… “Sugerencia número
dos: El comunicarse bien… Los matrimonios
tienen que pasar tiempo a solas para hablar
y escucharse de verdad el uno al otro. Tienen
que cooperar y ayudarse como compañeros iguales…
“Mi tercera sugerencia es el contemplar…
La frecuente participación en el servicio
del templo, junto con el estudio constante
de las Escrituras en familia, nutre el matrimonio
y fortalece la fe en la familia” (“Nutrir
el matrimonio”, Liahona, mayo de 2006, págs.
37–38).
Élder Richard G. Scott, del Quórum de los
Doce Apóstoles: “…a través de tu
obediencia y continua fe en el Señor Jesucristo
y tu comprensión de todo el plan de felicidad,
aun cuando todavía no se cumplan aspectos
importantes de ese plan en tu vida, se cumplirán
en el debido tiempo del Señor. Te prometo
también que puedes alcanzar progreso y felicidad
significativos ahora, en las circunstancias
en las que te encuentres.
Como hija o hijo de Dios, vive lo que puedas
del plan haciendo lo mejor posible” (“El gozo
de vivir el gran plan de felicidad”, Liahona,
enero de 1997, pág. 84). ■ |
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