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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Julio 2008
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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Todos
los seres humanos somos creados a la imagen
de Dios
¿Qué sabemos
sobre el hecho de haber sido creadas “a imagen
de Dios”?
Moisés 2:27: “Y
yo, Dios, creé al hombre a mi propia imagen,
a imagen de mi Unigénito lo creé; varón y
hembra los creé”.
Presidente Gordon B. Hinckley
(1910–2008): “Nuestro cuerpo
es sagrado, creado a imagen de Dios; es maravilloso,
la más grande de las creaciones de la Deidad.
No existe cámara alguna que se compare con
el ojo humano; no se ha construido ninguna
bomba que cumpla una función más extraordinaria
que el corazón humano; el oído y el cerebro
constituyen un verdadero milagro… Éstos y
otras partes y órganos de nuestro cuerpo representan
el genio divino y omnipotente de Dios…” (“Sed
limpios”, Liahona, julio de 1996, pág. 52).
Presidente Thomas S. Monson:
“Nuestro Padre Celestial tiene oídos para
escuchar nuestras oraciones, ojos para ver
nuestras acciones, boca para hablarnos, y
corazón para sentir compasión y amor por todos
nosotros. Es un Ser real y viviente.
Somos Sus hijos, creados a Su imagen; nos
parecemos a Él y Él se parece a nosotros”
(“Yo sé que vive mi Señor”, Liahona, abril
de 1988, pág. 6). |
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| ¿Qué
efecto puede tener en mi vida el saber que
he sido creada a imagen de Dios?
Élder LeGrand Richards (1886–1983),
del Quórum de los Doce Apóstoles:
“Muchos piensan que sus cuerpos son su propiedad
y que pueden hacer con ellos como les parezca,
pero S. Pablo declara que no es así, pues
son comprados por precio, y que si ‘alguno
violare el templo de Dios, Dios destruirá
al tal: porque el templo de Dios, el cual
sois vosotros, santo es’ [1 Corintios 3:17]”
(Una obra maravillosa y un prodigio, 1979,
pág. 348).
Élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de
los Doce Apóstoles: “Debemos conocer
al ‘único Dios verdadero, y a Jesucristo,
a quien has enviado’ (Juan 17:3)… ‘…Conocer
a Dios significa pensar lo que Él piensa,
sentir lo que Él siente, tener el poder
que Él tiene,
comprender las verdades que Él entiende
y hacer lo que Él hace. Los que lo conocen
llegan a ser como Él y viven la vida que
Él vive,
que es la vida eterna…’ Cristo enseñó a
Sus discípulos nefitas: ‘…¿qué clase de
hombres habéis de ser? En verdad os digo,
aun como yo soy’ (3 Nefi 27:27)” (“Nuestro
Señor y Salvador”, Liahona, enero de 1994,
pág. 7).
Susan W. Tanner, ex Presidenta General de
las Mujeres Jóvenes: “¿Alguna vez,
su madre o su padre… les ha dicho: ‘recuerda
que eres una hija de Dios y que debes comportarte
como tal’? Los misioneros usan una placa
como recordatorio constante de que… deben
vestir de manera recatada y atractiva, tratar
a la gente con gentileza y esforzarse por
tener la imagen de Cristo en sus rostros…
Por convenio, todas… hemos tomado también
sobre nosotras el nombre de Cristo. Su nombre
debe estar grabado profundamente en
nuestros corazones. Del mismo modo, se espera
que actuemos como hijas dignas de nuestro
Padre Celestial que, al menos figuradamente,
nos ha enviado a la tierra con la admonición:
‘¡Recuerda quién eres!’” (Véase “Hijas de
nuestro Padre Celestial”,
Liahona, mayo de 2007, pág. 107).
Para un estudio más amplio, consulte Job
7:17; D. y C. 110:2–3; José Smith—Historia
1:17. ■
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