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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Agosto 2008
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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Toda
hermana es una amada hija de Padres Celestiales
y tiene un destino divino
¿Qué
significa ser una amada hija de Padres Celestiales?
Julie B. Beck, Presidenta General
de la Sociedad de Socorro: “Ustedes…
literalmente son hijas espirituales de la
Deidad, ‘progenie de padres exaltados’ con
una naturaleza divina y un destino eterno.
Ustedes recibieron sus primeras lecciones
en el mundo de los espíritus de parte de sus
padres celestiales. Fueron enviadas a la tierra
para ser probadas…
“Ustedes son las preciadas hijas de la promesa,
y si guardan los estatutos y los mandamientos
del Señor y escuchan Su voz, Él ha prometido
que las exaltará sobre todas las naciones
para
loor, y fama y gloria” (“Ustedes son de noble
linaje”, Liahona, mayo de 2006, págs. 106,
107).
Presidente James E. Faust (1920–2007),
Segundo Consejero de la Primera Presidencia:
“La convicción de que son hijas de Dios les
brinda un sentimiento de seguridad en su propia
valía, lo cual significa que podrán encontrar
fortaleza en el bálsamo de Cristo. |
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Dicha convicción les ayudará a soportar
las congojas y los problemas con fe y serenidad”
(“Lo que significa ser una hija de Dios”,
Liahona, enero de 2000, pág. 123).
Presidente Lorenzo Snow (1814–1901):
“Creemos que somos progenie de nuestro Padre
Celestial y que en nuestro sistema espiritual
poseemos las mismas aptitudes, poderes y
facultades que nuestro Padre posee, aunque
en un estado infantil, lo que hace necesario
que pasen por cierto curso o prueba mediante
el cual se desarrollarán y mejorarán, de
acuerdo con la atención que prestemos a
los principios que hayamos recibido” (“Discourse”,
Deseret News, 24 de enero de 1872, pág.
597).
¿De qué forma
puedo comprender y lograr mi destino divino?
Presidente Spencer W. Kimball (1895–1985):
“Todas tienen que beber profundamente las
verdades del Evangelio concernientes a la
naturaleza eterna de su real identidad y
al aspecto único de su personalidad. Es
preciso que sientan cada día más el amor
perfecto que nuestro Padre Celestial tiene
por ustedes, y que comprendan el valor que
Él les atribuye en forma individual. Reflexionen
sobre
estas grandes verdades, sobre todo en los
momentos en que, por sentir ansiedad, tengan
dudas o estén perplejas…” (Enseñanzas de
los Presidentes de la Iglesia: Spencer W.
Kimball, 2006, pág. 245).
Romanos 8:16–17: “El Espíritu
mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios. Y si hijos,
también herederos; herederos de Dios y coherederos
con Cristo, si es que padecemos juntamente
con él, para que juntamente con él seamos
glorificados”.
Élder Russell M. Nelson, del Quórum
de los Doce Apóstoles: “Debemos
ser creadores a nuestra manera, constructores
de una fe
individual en Dios, fe en el Señor Jesucristo
y fe en Su Iglesia; debemos edificar familias
y ser sellados
en el santo templo; debemos construir la
Iglesia y el reino de Dios sobre la tierra;
debemos prepararnos para nuestro propio
y divino destino: la gloria, la inmortalidad
y la vida eterna. Estas bendiciones divinas
pueden ser todas nuestras por medio de nuestra
fidelidad”. (“La Creación”, Liahona, julio
de 2000, págs. 104–105). ■
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