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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Febrero 2008
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| La
familia es la parte central del plan del Creador |
¿Por
qué es la familia la parte central del plan
de nuestro Padre Celestial?
Élder Robert D. Hales,
del Quórum de los Doce Apóstoles:
“La
doctrina de la familia tuvo su principio con
nuestros Padres Celestiales; nuestra aspiración
más elevada es llegar a ser como Ellos…
“Desde el principio mismo, Dios estableció
a la familia y la hizo eterna. Adán y Eva
fueron sellados en su matrimonio por esta
vida y por toda la eternidad…
“La restauración de esas llaves y de esa autoridad
del sacerdocio trajo consigo para todos los
que sean dignos la oportunidad de recibir
las bendiciones de una familia eterna… El
Señor hace un bosquejo de la promesa y de
los requisitos en este versículo
sagrado:
“ ‘Y además, de cierto te digo, si un hombre
se casa con una mujer por mi palabra, la cual
es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio,
y les es sellado por el Santo Espíritu de
la promesa, por conducto del que es ungido,
a quien he otorgado este poder y las llaves
de este sacerdocio, y se les dice: Saldréis
en la primera resurrección, y si fuere después
de la primera, en la siguiente resurrección,
y heredaréis tronos, reinos, principados,
potestades y dominios, toda altura y toda
profundidad, entonces se escribirá en el Libro
de la Vida del Cordero… y estará en pleno
vigor cuando ya no estén en el mundo; y los
ángeles y los dioses que están allí les dejarán
pasar a su exaltación y gloria en todas las
cosas, según lo que haya sido sellado sobre
su cabeza, y esta gloria será una plenitud
y continuación de las simientes por siempre
jamás’ (D. y C. 132:19)…
“Cuando la familia funciona de la manera en
que Dios lo dispuso, las relaciones que se
encuentran en ella son las más preciadas de
la vida terrenal. El plan del Padre es que
el amor y el compañerismo familiares continúen
en las eternidades” (“La
familia
eterna”, Liahona, enero de 1997, págs. 72–73). |
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¿Qué
debo hacer sabiendo que la familia es la
parte central del plan de salvación?
Presidente Henry B.
Eyring, Segundo Consejero de la Primera
Presidencia:
“La
familia es fundamental… para nuestra esperanza
de obtener la vida eterna. Comenzamos a
practicar en la familia, la agrupación más
pequeña, lo que se extenderá a la
Iglesia
y a la sociedad en que vivimos en este mundo,
y entonces será eso lo que practicaremos
en las familias unidas para siempre por
los convenios y por la fidelidad. Podemos
comenzar ahora mismo a ‘promover medidas
destinadas a fortalecer la familia y mantenerla’.
Ruego que así lo hagamos y que ustedes pregunten:
‘Padre, ¿cómo puedo prepararme?’. Díganle
a Él cuánto desean lo que Él quiere darles.
Recibirán impresiones, y si actúan de conformidad
con ellas, les prometo la ayuda de los poderes
del cielo” (“La familia”,
Liahona, octubre de 1998, pág. 23).
Margaret
S. Lifferth, Primera Consejera de la Presidencia
General de la Primaria:
“…en el mundo actual, los niños necesitarán
no sólo una madre y un padre dedicados,
sino que necesitarán que cada uno de nosotros
los proteja, les enseñe y les ame… la obediencia
personal y el ser un ejemplo en todos los
aspectos de nuestra vida son lecciones supremas
del Evangelio para nuestros hijos. De modo
que estudiemos, aprendamos y pongamos el
Evangelio en práctica” (“Mirad a
vuestros pequeñitos”, Liahona, noviembre
de 2006, págs. 74–75). ■
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