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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Enero 2008
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| Jesucristo
enseñó el propósito de nuestra vida en la
tierra. |
¿Qué
propósito tiene la vida en la tierra?
Presidente
Spencer W. Kimball (1895-1985):
“El hombre, creado a la imagen de Dios, fue
puesto sobre la tierra para experimentar la
vida del ser mortal, que es un estado intermedio
entre la vida preterrenal y la inmortalidad.
“Nuestros primeros padres, Adán y Eva, desobedecieron
a Dios y, al participar del fruto prohibido,
se convirtieron en seres mortales. Como consecuencia,
tanto ellos como todos sus descendientes quedamos
sujetos a la muerte temporal y a la espiritual
(muerte temporal: la separación del cuerpo
y del espíritu; muerte espiritual: la separación
del espíritu del la presencia de Dios y la
muerte en relación con todo lo pertinente
al espíritu).
“Para que Adán pudiera recobrar su estado
original (estar en la presencia de Dios),
era necesario llevar a cabo una expiación
por esa desobediencia. En el divino plan de
Dios, se tomaron las providencias para que
un Redentor rompiera las cadenas de la muerte
y, mediante la resurrección, se hiciera posible
la reunión del espíritu y el cuerpo de todas
las personas que habitaren en la tierra.
“Fue Jesús de Nazaret quien, antes de que
el mundo fuera creado, fue elegido para venir
a la tierra para llevar a cabo ese servicio,
el de conquistar la muerte temporal” (véase
“El verdadero camino, Liahona, agosto de 1978,
Págs., 6-7) |
¿Qué
debo hacer para cumplir con mi propósito en
la vida? Presidente
Ezra Taft Benson (1899-1994):
“Cuando nuestro Padre Celestial puso a Adán
y Eva en esta tierra, lo hizo con el propósito
de enseñarles la forma de regresar a Su presencia.
Nuestro Padre les prometió un Salvador para
redimirlos de su estado caído; les dio el
plan de salvación y les mandó enseñar a sus
hijos la fe en Jesucristo y el arrepentimiento.
Más aún, a Adán y a su posteridad, Dios les
mandó bautizarse, recibir el Espíritu Santo
y entrar en el orden del Hijo de Dios. . .
cuya plenitud se recibe solamente en la Casa
del Señor” (véase “Lo que espero que enseñéis
a vuestros hijos acerca del templo”, Liahona,
abril-mayo de 1986, pág. 4). Julie
B.Beck, Presidenta General de la Sociedad
de Socorro:
“Como hijas espirituales de Dios, las mujeres
‘recibieron sus primeras lecciones en el
mundo de los espíritus y fueron preparad[as]
para venir’ (D. y C. 138:56) a la tierra;
‘se hallaban entre las nobles y grandes’
(D. y C. 138:55) que ‘se regocijaban’ (Job
38:7) por la creación de la tierra, porque
se les daría un cuerpo físico junto con
la oportunidad de ser ‘probadas’ en una
esfera mortal (Abraham 3:25). Deseaban trabajar
codo a codo con hombres justos a fin de
alcanzar las metas eternas que ni ellas
ni ellos podrían alcanzar cada uno por su
lado.
“La función de la mujer no comenzó en la
tierra y no termina aquí. La mujer que valora
la maternidad aquí en la tierra valorará
la maternidad en el mundo venidero, y ‘donde
esté [su] tesoro, allí estará también [su]
corazón (Mateo 6:21). Al cultivar un ‘corazón
de madre’, cada niña y cada mujer se prepara
para su misión divina y eterna de la maternidad…
“He visto en la vida que alguno de los más
auténticos ‘corazones de madre’ laten en
el pecho de mujeres que no criarán a hijos
propios en esta tierra, pero ellas saben
que ‘todas las cosas tienen que acontecer
en su hora’ y que están ‘poniendo los cimientos
de una gran obra’ (D. y C. 64: 32-33)”.
(Véase “Corazón de madre”, Liahona, mayo
de 2004, Pág. 76).
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