Maestras Visitantes
El Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura ‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán 10:4). La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004, pág. 111).
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Maestras Visitantes
Mensaje Febrero 2009
Por medio de la oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Comprendamos las funciones divinas
que tiene la mujer

Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad de Socorro: “Tengo un testimonio que obtuve al estudiar los pasajes de las Escrituras que hablan de un plan de felicidad que nos dio nuestro Padre Celestial y al meditar en ellos. En ese plan hay una parte para Sus hijas. La mitad del plan corresponde a la parte femenina, de la que debemos ocuparnos, y si no lo hacemos, nadie lo va a hacer por nosotras. La mitad del plan de nuestro Padre que crea la vida, que educa al alma humana, que promueve el progreso y que influye en todo lo demás se nos encomendó a nosotras; no podemos delegarla ni pasarla a otra persona; es sólo nuestra.

 
 

Es posible que rehusemos aceptarla, que la neguemos, pero aun así sigue siendo nuestra parte y somos responsables de ella. Llegará el día en que todos recordemos lo que sabíamos antes de nacer; recordaremos entonces que luchamos en un gran conflicto por este privilegio. ¿Cómo enfrentamos esa responsabilidad? Dedicamos diariamente nuestras energías a esa obra que es exclusivamente nuestra”.

Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles
: “El propósito doctrinal básico para la creación de la tierra es facilitar a los hijos espirituales de Dios la continuidad del proceso de la exaltación y la vida eterna … “ Aunque no existe una contribución más importante que se pueda hacer a la sociedad, a la Iglesia o al destino eterno de los hijos de nuestro Padre que la que ustedes hacen como madres y padres, la maternidad y la paternidad no son las únicas medidas para la rectitud ni para que una persona sea aceptada ante el Señor … “Toda hermana de esta Iglesia que haya hecho convenios con el Señor tiene el mandato divino de ayudar a salvar almas, de guiar a las mujeres del mundo, de fortalecer los hogares de Sión y de edificar el reino de Dios”
(véase “Mujeres de rectitud”, Liahona, diciembre de 2002, págs. 36, 39).

Élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Por designio divino, se dispone que los hombres y las mujeres progresen juntos hacia la perfección y hacia una plenitud de gloria. A causa de sus temperamentos y facultades singulares, los hombres y las mujeres llevan a la relación matrimonial perspectivas y experiencias únicas. El hombre y la mujer contribuyen de forma diferente pero por igual a una totalidad y unidad que no se pueden lograr de ninguna otra manera”(“El matrimonio es esencial para Su plan eterno”, Liahona, junio de 2006, págs. 51–52).

Silvia H. Allred, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “El Señor ha bendecido a las mujeres con atributos divinos de amor, compasión, bondad y caridad. A través de nuestras visitas mensuales como maestras visitantes, tenemos el poder de bendecir a cada hermana al ofrecer nuestro amor y bondad y brindar los dones de compasión y caridad. No importa cuáles sean nuestras circunstancias personales, todas tenemos la oportunidad de edificar y de amar a los demás” (“Apacienta mis ovejas”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 113).

Presidente Spencer W. Kimball (1895–1985): “…el ser una mujer justa durante estas cruciales y finales etapas de la tierra, antes de la segunda venida del Salvador, es en especial un llamamiento noble. En la actualidad, la fortaleza e influencia de una mujer justa puede ser diez veces superior al que tendría en tiempos más pacíficos” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, págs. 240–241).

 
 
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