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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Junio 2009
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| Participemos
en sincera oración |
La
oración sincera tiene poder para fortalecernos
Julie B. Beck, Presidenta General
de la Sociedad de Socorro: “Piensen
en nuestra fuerza combinada si toda hermana
orara cada mañana y noche, o, mejor todavía,
si orara sin cesar, como el Señor ha mandado.
Si cada familia orara a diario…, seríamos
más firmes” (“Lo que las mujeres Santos de
los Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e
inquebrantables” Liahona, noviembre de 2007,
pág. 110).
Élder Bruce R. McConkie (1915– 1985),
del Quórum de los Doce Apóstoles:
“La oración cambia nuestra vida. Mediante
ella nos acercamos al Señor, y Él extiende
su mano y nos toca de manera que jamás volvemos
a ser los mismos.
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| “La
oración es una grandiosa torre de fortaleza,
un pilar de inagotable rectitud, una fuerza
poderosa que mueve montañas y salva almas”
(“Nuestras oraciones”, Liahona, julio de 1984,
pág. 55). |
| Élder
M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce
Apóstoles: “Cada oración verídica
y sincera es un eslabón más que se suma a
la armadura de hierro… Una de las maneras
más importantes de vestirnos con la armadura
de Dios es asegurarnos de que la oración —una
oración ferviente, sincera y constante— sea
parte de nuestra vida cotidiana” (“Be
Strong in the Lord”, Ensign, julio de 2004,
pág. 10). |
| D.
y C. 112:10: “Sé humilde; y el Señor
tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta
a tus oraciones”. |
| La
oración sincera es comunicación santa
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Presidente
James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero
de la Primera Presidencia: “Primero,
la oración es un humilde reconocimiento de
que Dios es nuestro Padre y de que el Señor
Jesucristo es nuestro Salvador
y Redentor. Segundo, es una sincera confesión
de pecado y transgresión, y una petición de
perdón. Tercero, es el reconocimiento de que
necesitamos una ayuda que excede a nuestra
propia capacidad. Cuarto, es una oportunidad
de expresar acción de gracias y
gratitud a nuestro Creador. Es importante
que digamos con frecuencia: “Te damos gracias…”,
“Reconocemos ante Ti…”, “Te estamos agradecidos
por…”. Quinto, es un privilegio pedir a Dios
bendiciones específicas.
“… Las oraciones sinceras salen del corazón.
En efecto, la sinceridad supone el que saquemos
los sentimientos más fervientes de nuestro
corazón” (“La
cuerda de salvamento de la oración”, Liahona,
julio de 2002, pág. 62). |
Élder
David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles:
“La oración sincera requiere tanto comunicación
sagrada como obras consagradas. Se requiere
esfuerzo de nuestra parte antes de recibir
bendiciones y, la oración, que es ‘un tipo
de obra, es el medio señalado para lograr
la más suprema de todas las bendiciones’ (Diccionario
de la Biblia en inglés, ‘Oración’, pág. 753).
Después de
decir ‘amén’, seguimos adelante y perseveramos
en la obra consagrada de la oración actuando
según lo que hayamos expresado a nuestro Padre
Celestial” (“Pedir con fe”, Liahona, mayo
de 2008, pág. 95). |
| Presidente
Thomas S. Monson: “Al ofrecerle al
Señor nuestras oraciones tanto en familia
como en forma individual, hagámoslo con fe
y confianza en Él. Recordemos el mandato del
apóstol Pablo a los hebreos: ‘Porque es necesario
que el que se acerca a Dios crea que le hay,
y que es galardonador de los que le buscan’.
Si alguno de nosotros se ha demorado en escuchar
el consejo de orar siempre, no existe mejor
momento para comenzar que ahora mismo” (“Un
real sacerdocio”, Liahona, noviembre de 2007,
pág. 61). ◼ |
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