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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Julio 2009
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| Ser
dignas de la adoración en el templo y participar
en ella |
¿Cómo
me preparo para la adoración en el templo?
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Silvia
H. Allred, primera consejera de la presidencia
general de la Sociedad de Socorro:
“El templo es la Casa del Señor. Él indica
las condiciones bajo las cuales se puede usar,
las ordenanzas que se deben administrar y
las normas que nos califican para entrar y
participar de la adoración en el templo…
La dignidad personal es un requisito esencial
para disfrutar de las bendiciones del templo.
Nos preparamos al obedecer los mandamientos
y procurar hacer la voluntad de Dios” (“Templos
santos, convenios sagrados”, Liahona, noviembre
de 2008, pág. 113). |
Élder
David B. Haight (1906– 2004), del Quórum de
los Doce Apóstoles: “Los que asistimos
al templo debemos vivir de manera de ser dignos
de hacerlo y de participar plenamente… En
nuestra entrevista anual con los líderes del
sacerdocio para obtener la recomendación para
entrar en el templo, examinamos nuestra dignidad…
Nuestra firma, con la de ellos, testifica
que somos dignos
de entrar en el templo” (“Venid a la casa
del Señor”, Liahona, julio de 1992, pág. 17). |
| ¿Cuáles
son las bendiciones del ser dignas de la adoración
en el templo y de participar en ella? |
| D.
y C. 110:7: “Me manifestaré a mi
pueblo en misericordia en esta casa”. |
| Presidente
Howard W. Hunter (1907–1995): “Vayamos
lo más seguido que nuestro tiempo y nuestras
obligaciones y circunstancias personales nos…
permitan. Vayamos, no solamente en beneficio
de nuestros seres queridos que han muerto,
sino por las bendiciones personales que se
obtienen por medio de la adoración en el templo,
y por la santidad y la seguridad que se logra
dentro de esas santificadas y consagradas
paredes. El templo es un lugar bello, es un
lugar de revelación, es un lugar de paz” (“El
símbolo supremo de ser miembros de la Iglesia”,
Liahona, noviembre de 1994, pág. 6). |
| D.
y C. 38:32: “Os daré mi ley, y allí
seréis investidos con poder de lo alto” (véase
también D. y C. 95:8). |
Élder
Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles:
“Las bendiciones de la investidura del templo
son tan imprescindibles para cada uno de nosotros
como lo fue el bautismo. Por esta razón, debemos
prepararnos a fin de que podamos estar limpios
para entrar en el templo de Dios. La obra
del templo es una oportunidad de llevar a
cabo nuestra propia investidura y convenios
y también realizar esas mismas ordenanzas
para la redención de los muertos. Es por esta
razón que en las Escrituras se nos enseña
que debemos construir templos y preparar nuestra
vida a fin de que seamos dignos de participar
de los sagrados convenios y ordenanzas del
templo. …
“El propósito principal del templo es proporcionarnos
las ordenanzas necesarias para obtener la
exaltación en el reino celestial. Las ordenanzas
del templo nos guían hacia el Salvador y nos
dan las bendiciones que nos llegan por medio
de la expiación de Jesucristo” (“Temple Blessings”,
en Brigham Young University 2005–2006 Speeches,
2006, págs. 1, 4). |
Presidente
Gordon B. Hinckley (1910–2008): “Todo
hombre y [toda] mujer que vayan al templo
con sinceridad y fe saldrán de allí convertidos
en mejores personas. Constantemente tenemos
la necesidad de mejorar. De vez en cuando,
sentimos el deseo de
dejar atrás el alboroto y el tumulto del mundo
y entrar en los recintos de la santa casa
de Dios, para sentir Su Espíritu en ese ambiente
de santidad y paz” (“Misiones, templos y responsabilidades”,
Liahona, enero de 1995, pág. 64). ◼ |
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