Maestras Visitantes
El Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura ‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán 10:4). La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004, pág. 111).
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Maestras Visitantes
Mensaje Setiembre 2009
Por medio de la oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Comprendamos y vivamos el evangelio de Cristo

¿Cómo puedo comprender y vivir mejor el Evangelio?
Élder Joseph B. Wirthlin (1917– 2008), del Quórum de los Doce Apóstoles: “Los miembros fieles de la Iglesia deben ser como los robles y extender sus raíces en la tierra fértil de los principios fundamentales del evangelio; debemos entender las verdades básicas y sencillas y vivir de acuerdo con ellas, sin complicarlas. Nuestro fundamento debe ser sólido y de raíces profundas a fin de resistir los vientos de las tentaciones, de las doctrinas falsas, de la adversidad y de los ataques del adversario, sin vacilar y sin ser arrancados de cuajo…
“El alimento espiritual es tan importante como una dieta equilibrada para conservarnos fuertes y saludables. Para alimentarnos espiritualmente tomamos la Santa Cena todas las semanas, leemos las Escrituras todos los días, oramos diariamente en forma personal y con la familia y llevamos a cabo la obra del templo con regularidad.
Nuestra fortaleza espiritual es como las baterías: hay que cargarlas y volverlas a cargar con frecuencia”
(Véase “Raíces profundas”, Liahona, enero de 1995, pág. 85).
Barbara Thompson, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “Hermanas, ahora más que nunca necesitamos que las mujeres acepten responsabilidades y sean firmes; necesitamos mujeres que declaren la verdad con fuerza, fe y vigor; necesitamos mujeres que sean un ejemplo de rectitud; necesitamos mujeres que estén ‘anhelosamente [consagradas] a una causa buena’.
Tenemos que vivir de manera que nuestra vida testifique que amamos a nuestro Padre Celestial y al Salvador Jesucristo y que haremos lo que Ellos nos han pedido que hagamos” (Véase “Ya regocijemos”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 116).
2 Nefi 31:12: “…seguidme y haced las cosas que me habéis visto hacer”.
¿Por qué es una bendición el comprender y vivir el Evangelio?
Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “…al esforzarnos por entender, aplicar y vivir los principios correctos del Evangelio, nos volvemos más autosuficientes en lo espiritual… Como Apóstol del Señor Jesucristo, testifico que Él vive, que el Evangelio es verdadero y que éste ofrece las respuestas a todos los problemas personales y colectivos que los hijos de Dios tienen en la tierra actualmente” (“Los atributos de Cristo: el viento que nos impulsa”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 100, 101).
Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles: “El plan de felicidad está al alcance de todos. Si el mundo lo aceptara y lo viviera, la paz, el gozo y la plenitud reinarían sobre la tierra. Si la gente de todo el mundo comprendiera y viviera el Evangelio se eliminaría gran parte del sufrimiento que existe en la actualidad” (Véase “Las respuestas a los interrogantes de la vida”, Liahona, julio de 1995, págs. 26–27).
Élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles: “…debemos vivir el Evangelio de tal modo que tengamos siempre el Espíritu con nosotros. Si vivimos dignos del Espíritu, estará siempre con nosotros. De ese modo, podremos enseñar por el Espíritu…
El motivo por el que oramos, estudiamos las Escrituras, tenemos buenos amigos y vivimos el Evangelio por medio de la obediencia a los mandamientos es para que cuando lleguen las pruebas, porque habrán de llegar, estemos listos” (“Enseñar por la fe”, Liahona, septiembre de 2003, págs. 10, 14–15). ◼
 
 
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