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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Octubre 2009
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| Nutramos
a la nueva generación |
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| D.
y C. 123:11: “…es una obligación
imperiosa que tenemos para con la generación
que va creciendo”. |
| ¿Cuál
es mi responsabilidad para con la nueva generación? |
| Élder
Neal A. Maxwell (1926– 2004), del Quórum de
los Doce Apóstoles: “Habiendo sido
reservada por el Señor para esta época, [la
nueva generación] debe ahora ser preservada...
y preparada para su momento especial en la
historia de la humanidad. Se les ha retenido
a fin de venir en este tiempo, pero ahora
es necesario que se les empuje a fin de que
logren su destino... |
| “Los
jóvenes no son muy diferentes de los futuros
conversos. Existen esos momentos críticos
en los que sus almas empiezan a inclinarse,
ya sea hacia el Señor o lejos de Él. No siempre
se pueden crear esos momentos decisivos, pero
cuando se presentan, no se deben desperdiciar.
Con mucha frecuencia, esos momentos ocurrirán
en conversaciones tranquilas y reverentes
con padres, abuelos, con un obispo, un líder
adulto o un compañero justo” (“A la nueva
generación”, Ensign, abril de 1985, págs.
8, 10). |
Élder
Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los
Setenta: “Nuestra nueva generación
merece que pongamos todo nuestro empeño en
apoyarlos y fortalecerlos durante su trayectoria
hacia la edad adulta… en todo lo que hagamos,
a dondequiera que vayamos
y con toda persona joven Santo de los Últimos
Días que conozcamos, seamos conscientes de
la necesidad que tenemos de fortalecerlos,
de nutrirlos espiritualmente y de ser una
influencia positiva para ellos” (“Nuestra
nueva generación”, Liahona, mayo de 2006,
pág. 47). |
| ¿Cómo
puedo nutrir espiritualmente a la nueva generación? |
Presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008):
“Nunca olviden que estos pequeñitos son los
hijos y las hijas de Dios y que la de ustedes
es una relación tutelar, que Él fue padre
antes que ustedes y que Él no ha abandonado
Sus derechos paternales ni Su interés en éstos,
Sus pequeñitos… Críen a sus hijos con amor,
en la disciplina y amonestación del Señor.
Cuiden a sus pequeñitos; acójanlos en sus
hogares y críenlos y quiéranlos con todo su
corazón.
Puede que en los años venideros ellos hagan
ciertas cosas que ustedes no querrían que
hicieran, pero sean pacientes, sean pacientes.
Ustedes no habrán fracasado en tanto se hayan
esforzado” (Las palabras del Profeta viviente”,
Liahona, mayo de 1998, págs. 26–27). |
| Julie
B. Beck, Presidenta general de la Sociedad
de Socorro: “Nutrir significa cultivar,
cuidar y criar… El criar con amor requiere
organización, paciencia, amor y trabajo. El
ayudar a lograr ese progreso mediante ese
cuidado es una función de mucho poder e influencia
que se ha conferido a las mujeres” (“Las madres
que lo saben”, Liahona, noviembre de 2007,
págs. 76, 77). |
Barbara
Thompson, Segunda Consejera de la Presidencia
General de la Sociedad de Socorro:
“Como hermanas de la Sociedad de Socorro,
podemos ayudarnos unas a otras a fortalecer
a las familias. Se nos brindan oportunidades
de prestar servicio de muchas maneras. Constantemente
estamos en contacto con niños y jóvenes que
tal vez necesiten exactamente lo que podemos
brindar.
Ustedes, hermanas mayores, tienen muchos buenos
consejos y experiencia para compartir con
las madres jóvenes. A veces una hermana líder
de las Mujeres Jóvenes o una maestra de la
Primaria dice o hace exactamente lo necesario
para reafirmar lo que un padre esté tratando
de enseñar. Y obviamente no necesitamos ningún
llamamiento particular para brindar ayuda
a un amigo o vecino” (“Te ayudaré… yo soy
tu socorro”, Liahona, noviembre de 2007, pág.
117). |
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