Maestras Visitantes
El Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura ‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán 10:4). La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004, pág. 111).
Home Indice mensajes Diciembre 2009
Maestras Visitantes
Mensaje Diciembre 2009
Por medio de la oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Nutramos a los demás por medio del servicio caritativo

¿Qué debo hacer para llegar a ser una persona caritativa y para tener más compasión?
Moroni 7:48: “Pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo”.
Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “Los discípulos de Cristo en todas las edades del mundo se han distinguido por su compasión…
Al final, el número de oraciones que hacemos contribuirá a nuestra felicidad, pero el número de oraciones que contestemos será aun de mayor importancia. Abramos los ojos y veamos los corazones abrumados, notemos la soledad y la desesperación; percibamos las silenciosas oraciones de las personas que nos rodean y seamos instrumentos en las manos del Señor para dar respuesta a esas oraciones” (“La felicidad es su legado”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 119, 120).
Barbara Thompson, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “Tenemos que “[rescatar] desde lo más profundo de [nuestro] ser todo aquello que sea de valor” para que, como hijas de Dios, hagamos nuestra parte para edificar el reino de Dios. Tendremos ayuda para hacerlo. Como lo declaró José: ‘Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen’.
“Llevemos las cargas las unas de las otras, lloremos con los que lloran, y consolemos a los que necesiten consuelo, y de ese modo cumplamos con el convenio que hemos hecho [véase Mosíah 18:8–10]” (“Ya regocijemos”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 116).
¿De qué manera puedo nutrir a los demás por medio del servicio caritativo?
D. y C. 81:5: “Socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas debilitadas”.
Élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles: “El Buen Pastor dijo: ‘Apacienta mis corderos’ ( Juan 21:15). Es así que una mujer apacienta a sus seres queridos, proporcionándoles ayuda y apoyo tal como lo haría el Salvador. Su don divino la lleva a nutrir, a ayudar al joven, a velar por el pobre y a dar paz al apesadumbrado.
“El Señor dijo: ‘Mi obra y mi gloria [es] llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ (Moisés 1:39). Entonces, Su devota discípula puede decir: ‘Mi obra y mi gloria es ayudar a mis seres queridos a alcanzar esa meta celestial’.
“El ayudar a otro ser humano a lograr su potencial celestial es parte de la misión divina de la mujer. En su papel de madre, maestra o
miembro de la Iglesia, ella modela la arcilla viviente conforme a sus esperanzas. En colaboración con Dios, su divina misión es ayudar a
los espíritus a vivir y a las almas a levantarse. Tal es el propósito de su creación, y se trata de un fin ennoblecedor, edificante y conducente a la exaltación” (“El valor infinito de la mujer”, Liahona, enero de 1990, págs. 22–23).
Silvia H. Allred, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “El Señor ha bendecido a las mujeres con atributos divinos de amor, compasión, bondad y caridad. A través de nuestras visitas mensuales como maestras visitantes, tenemos el poder de bendecir a cada hermana al ofrecer nuestro amor y ondad y brindar los dones de compasión y caridad… Es mi oración que nos comprometamos a estar más dedicadas a extender nuestros brazos de amor y compasión para bendecir, ayudar y fortalecernos las unas a las otras al llevar a cabo nuestras visitas de maestras visitantes con un corazón dispuesto y feliz” (“Apacienta mis ovejas”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 113, 115).
 
 
© 2007 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. Rights and use information.