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El
Señor nos pide que seamos receptivas a Él sin retraernos
en nada. Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’; procura
‘mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos’ (Helamán
10:4).
La renovación del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos nuestro corazón
y voluntad al Padre”
(Kathleen H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
Gral. de la Sociedad de Socorro, Liahona, noviembre de 2004,
pág. 111). |
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Maestras
Visitantes |
Mensaje
Setiembre 2007
| Por medio de la oración,
lea este mensaje y seleccione los
pasajes de las Escrituras y las enseñanzas
que satisfagan las necesidades de
las hermanas a las que visite. Comparta
sus experiencias y su testimonio e
invite a las hermanas a las que enseñe
a hacer lo mismo. |
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| Para
ser un instrumento en las manos de Dios, seamos
uno en corazón y en voluntad. |
¿Qué
significa ser uno en corazón y en voluntad?
1 Corintios 12:20, 27: “Pero ahora son muchos
los miembros, pero el cuerpo es uno solo…
Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo,
y miembros cada uno en particular”.
Presidente Gordon B. Hinckley:
“El Señor dijo: ‘…y si no sois uno, no sois
míos’ (D. y C. 38:27). Esa estrecha unidad
es el sello distintivo de la Iglesia verdadera
de Cristo: se siente entre nuestra gente en
todo el mundo. Si somos uno, somos de Él…
Rogamos los unos por los otros para que sigamos
adelante con unidad y fortaleza. Si así lo
hacemos, no habrá poder debajo del cielo que
pueda detener el progreso continuo de este
grandioso reino” (véase
“Os saludamos en el nombre del Señor”, Liahona,
enero de 1984, pág. 3).
Presidente Marion G. Romney
(1897–1988), Primer Consejero de la Primera
Presidencia: “La misión de la Iglesia en esta
última dispensación es desarrollar
otro pueblo que viva el Evangelio en su plenitud.
Este pueblo se convertirá en uno ‘puro de
corazón’, y florecerá y será bendecido sobre
las montañas y sobre los lugares altos. Será
el pueblo del Señor. Los de este pueblo caminarán
con Dios porque serán de un solo corazón y
una mente, vivirán en rectitud, y no habrá
pobres entre ellos” (véase
“Vivir los principios del Plan de Bienestar”,
Liahona, febrero de 1982, pág. 168). |
¿Cómo
me ayudará a ser un mejor instrumento en
las manos de Dios el esforzarme por ser
uno en corazón y en voluntad?
Élder
D. Todd Christofferson, de la Presidencia
de los Setenta:
“Debemos comenzar por llegar a ser uno dentro
de nosotros mismos. Somos seres duales,
con un cuerpo y un espíritu, y a veces no
nos sentimos en armonía o tenemos conflictos…
Al esforzarnos día a día y semana tras semana
por seguir el camino de Cristo, nuestro
espíritu afirma su preeminencia, la pugna
interior decrece y las tentaciones cesan
de causar preocupación. Hay una armonía
cada vez mayor entre lo espiritual y lo
físico hasta que nuestros cuerpos físicos
se transforman… en ‘instrumentos de justicia
ante Dios’ (véase Romanos 6:13)” (“Para
que todos
sean uno en nosotros”, Liahona, noviembre
de 2002, págs. 71–72).
Kathleen
H. Hughes, ex primera consejera de la Presidencia
General de la Sociedad de Socorro:
“[El Señor] requiere ‘el
corazón y una mente bien dispuesta’ (D.
y C. 64:34; cursiva agregada)… El Señor
nos pide que seamos receptivas a Él sin
retraernos en nada.
Nos dice: No te afanes ‘por tu propia vida’;
procura ‘mi voluntad y el cumplimiento de
mis mandamientos’ (Helamán 10:4). La renovación
del corazón resulta cuando hacemos y damos
todo lo que podemos y después entregamos
nuestro corazón y voluntad al Padre” (“De
las cosas pequeñas”, Liahona, noviembre
de 2004, pág. 111).
Élder Neal A. Maxwell (1926– 2004)
del Quórum de los Doce Apóstoles:
“La sumisión espiritual es armonía y comunión
al dar estabilidad al corazón y a la mente.
Entonces, dedicaremos menos tiempo a las
decisiones y más al servicio… La entrega
de nuestro corazón a Dios marca la última
etapa de nuestro progreso espiritual. ¡Es
entonces cuando empezamos a serle útiles!
¿Cómo podemos pedirle que nos haga un instrumento
en sus manos si la herramienta pretende
darle instrucciones al que la utiliza?”
(“Dispuestos a someternos”,
Liahona, julio de 1985, pág. 68).
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