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Noticias Locales
Año 2007
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Jorge
Luis Borges
y los Mormones
Por Thomas E. Lyon,
especial para Páginas Locales |
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| Jorge
Luis Borges es, sin lugar a dudas, el escritor
argentino más conocido y más importante del
siglo XX. En realidad, es el escritor que
ha ejercido mayor influencia sobre otros escritores
de toda Latinoamérica durante el mencionado
siglo. Tal es el caso del gran novelista colombiano
Gabriel García Márquez. Luego de un viaje
a Buenos Aires, García Márquez contestó varias
preguntas de la prensa. Cuando lo interrogaron
acerca de qué libros había comprado en Argentina,
él respondió: “Un solo libro: las obras completas
de Borges, autor que detesto [por razones
políticas] y que releo constantemente”. De
esa forma García Márquez rindió homenaje a
Borges. |
| Conocí
a Borges por primera vez en 1968 en la sede
de la Biblioteca Nacional, ubicada en ese
entonces en la calle Mendoza de la ciudad
de Buenos Aires. Los detalles de este encuentro
ya están publicados en forma de entrevista
en “BYU Studies”, volumen 34, número 1 (1994).
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Durante esa visita, Borges se enteró de
que había nacido en Salt Lake City, Utah
y me preguntó si yo era mormón. Cuando le
dije que sí, él se puso de pie y en su vasta
biblioteca personal encontró una copia de
El Libro de Mormón que unos misioneros le
habían regalado en los años cincuenta. Le
pregunté si había leído el libro y me contestó:
“no, sólo algunas partes”. Pero a pesar
de esta declaración, me habló de Nefi y
Lehi, y aún se acordó de Alma y Abinadí.
Le fascinaban los nombres del Libro de Mormón.
Me quedé impresionado con su gran memoria.
Lo felicité y él a su vez declaró modestamente
que también había “leído varios libros sobre
los mormones.”
Su primer encuentro literario con los mismos
aconteció al leer a Mark Twain, en el libro
“Roughing It” y desde ese momento dijo que
tenía un “gran deseo de conocer Salt Lake
City y a los mormones.” |
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Posteriormente,
en James Conan Doyle encontró otras referencias
a los miembros de la Iglesia, casi siempre
con relación a la poligamia y al “reino” de
los mormones en las montañas de Utah.
El “Utah” literario era una constante fascinación
para él. Lo invité entonces a visitarnos en
los Estados Unidos, y en especial a conocer
Salt Lake City.
En el año 1972, Borges, aceptando una invitación
de la Universidad de Utah y de la Universidad
de Brigham Young (BYU), conoció por primera
vez Salt Lake City. En esa época este afamado
escritor siempre andaba con un guía, debido
a la ceguera que lo había perseguido durante
muchos años. Este guía, otros profesores y
yo le describíamos la ciudad de Salt Lake
City. En un momento él expresó: “estoy un
poco triste porque no es la misma ciudad que
había descripto Mark Twain”, es decir, Salt
Lake City ya era una ciudad moderna, parecida
a muchas otras del siglo XX. Sin embargo,
Borges todavía guardaba en su mente las imágenes
literarias de Mark Twain y otros escritores
del Siglo XIX. Durante las conferencias que
Borges dio en las dos universidades nunca
entró directamente en el tema de la religión.
No obstante, en la sesión de preguntas un
estudiante le pidió sus impresiones acerca
de los mormones. La respuesta mostró que Borges
conocía y respetaba a La Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días, a sus miembros,
y que por encima de cualquier otra cosa, le
fascinaba la doctrina de la Iglesia –el rol
del albedrío moral, el concepto de un Dios
que se perfecciona en sus propias creaciones,
la posibilidad de que los seres humanos llegaran
a ser dioses en un futuro–, es decir las profundas
ideas filosóficas y metafísicas de la Iglesia
le encantaban y siempre quería saber más acerca
de la doctrina mormona. En más de una ocasión
me habló de su admiración y fascinación por
José Smith.
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Volví
a invitar a Borges para visitar BYU en 1976,
precisamente en el año de las celebraciones
de los 200 años de los Estados Unidos. Vino
a Provo, Utah, en el mes de marzo de 1976,
cuando tenía 76 años de edad, por lo que le
sugerí que discursara sobre “Borges y el ‘Espíritu
de los 76’ años”, haciendo un juego de palabras
entre su edad y la celebración del bicentenario
de los Estados Unidos (1776-1976). Él entendió
muy bien el concepto, y habló de su propio
“espíritu” tanto como del espíritu que animaba
a los mormones del siglo XIX a sacrificarse,
a cruzar las llanuras inhóspitas y establecerse
en el desierto de Utah. Admiraba mucho a los
mormones, como buena representación del espíritu
pionero de los Estados Unidos. Me dijo que
él había llorado al leer de los pioneros mormones
que tuvieron que salir de Nauvoo, Illinois
y cruzar el Río Misisipí sobre el hielo. Asimismo
mencionó que todavía encontraba ese espíritu
pionero entre los mormones que él había conocido.
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Una
mañana de primavera (marzo en Estados Unidos),
mientras él y yo caminábamos por la universidad,
Borges me dijo: “Esta mañana las montañas
de Utah me han sido dadas”. Perplejo, le pregunté
qué quería decir con eso. Él explicó que esa
mañana podía vislumbrar el perfil de las altas
montañas que están al Este de la universidad.
Yo le pregunté: “Si las montañas le han sido
dadas, Borges, ¿quién se las dio?”. Él me
respondió: “Seguro que usted quiere que yo
diga que fue el ‘Dios Mormón’, pero no”. A
su vez le expresé: “No, no esperaba ninguna
contestación, sólo que no entiendo esa construcción
en voz pasiva”. En seguida él explicó que
sus médicos le habían recomendado un medicamento
nuevo contra la ceguera que él estaba tomando
y que por primera vez en muchos años podía
ver ciertos colores amarillos arriba de las
montañas. Veía la luz del sol. Estaba muy
animado de que este acontecimiento ocurriera
en Utah. “Este lugar sí tiene un espíritu
único”, dijo Borges.
En 1986 lo invité a volver a BYU para dar
un cursillo de tres semanas sobre la creación
literaria. Borges aceptó gustosamente pero
desafortunadamente murió en Suiza ese mismo
año, antes de poder cumplir el contrato que
había firmado. Todavía guardo las cartas y
los recuerdos de frecuentes encuentros con
Borges en los Estados Unidos y en la Argentina.
Uno de mis libros más queridos es una temprana
edición de “Ficciones”, con la siguiente inscripción
y firma: “To Ted Lyon, from his friend, Jorge
Luis Borges” [“A Ted Lyon, de su amigo, Jorge
Luis Borges”]. Así que el gran maestro nos
conoció. Siempre guardó una opinión muy elevada
de los mormones, y le encantaba la doctrina
de la Iglesia. |
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