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| La familia de Leonora Cea y Ruperto Márquez, pioneros de la Iglesia al sur de Chile. |
La historia de la Rama de Puerto Williams es literalmente una muestra del cumplimiento del mandato del Señor de llegar con el evangelio “hasta lo último de la tierra”. Hace ahora más de 20 años que residen en este lugar un grupo de fieles Santos de los Últimos Días. Son los miembros con residencia permanente más al sur de la Tierra. Conocer su fe y valor edificará nuestra propia fe, hermandad y construirá lazos con ellos.
Los miembros de la Iglesia estamos familiarizados con la escena final del Salvador con los Apóstoles antes de ascender a los cielos, cuando les dio la comisión “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8)
Mucho hicieron aquellos hombres para cumplir ese mandato, el evangelio fue predicado en el mundo Mediterráneo y así floreció la Iglesia Primitiva de Cristo.
Luego llegó la apostasía y el oscurantismo. Mil ochocientos años más tarde se produjo la Restauración de la Iglesia de Jesucristo y la predicación del evangelio comenzó nuevamente. Ahora con un esfuerzo de un siglo y medio miles de misioneros Santos de los Últimos Días llevan el mensaje a toda “nación, tribu, lengua y pueblo”. Poco a poco la Iglesia ha llegado a los rincones más lejanos de la tierra.
Puerto Williams se encuentra en la XII Región Magallanes, en la Isla Navarino, frente al Canal de Beagle. Tiene 1800 habitantes y la mayoría prestan servicio o son parte de las Fuerzas Armadas de Chile en la Base Naval emplazada allí.
El pueblo comenzó a construirse en 1953 y hoy es un lugar pacífico y acogedor, con muy pocos vehículos, todos los vecinos se conocen, no existe el delito y la solidaridad siempre está presente. El clima es riguroso, viento, hielo, nieve y largas noches son sus características principales. En los últimos años, el contar con todos los servicios modernos de la vida urbana lo hacen un lugar agradable para vivir en familia.
La Rama de la Iglesia en Puerto Williams recientemente ha sido integrada al Distrito Ushuaia en Argentina debido a la corta distancia y mejores comunicaciones. Para llegar desde Punta Arenas, la ciudad chilena con una estaca organizada más cercana, se requieren tres días de navegación. Para llegar desde Ushuaia se cruza el Canal de Beagle en 30 minutos y luego se toma un camino de ripio durante una hora. La presencia de la Iglesia en esta ciudad está ligada a Leonora Cea y Ruperto Márquez.
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| Leonora y Ruperto sirvieron misiones en Chile. |
El hermano Márquez vivía en el campo hasta que siendo muy joven llegó a la ciudad de Punta Arenas, Chile para estudiar como técnico electricista. En una ocasión un amigo le presentó a los misioneros quienes le enseñaron dos charlas. Ruperto recordó que su abuelo le había aconsejado en contra de las religiones y los rechazó. Igualmente los misioneros le entregaron un Libro de Mormón, que aceptó por cortesía. Durante mucho tiempo el libro estuvo sobre su mesa de luz cerrado. “Una mañana vi el libro y leí la primera página, al hacerlo sentí que debía leer todo el libro. Ocupé todo el día para leer y parte de la noche hasta que me quedé dormido. A la mitad del tercer día había terminado de leer el Libro de Mormón, la fuerza que me impulsó no la podía explicar. En esa ocasión aprendí dos cosas, Dios existía y mi vida hasta ese momento no estaba en armonía con Él.”
“En enero de 1981 asistí a un campamento con mis compañeros de curso, me encontré solo en la tranquilidad del bosque y resolví orar a Dios. Cuando regresé de ese campamento busqué a los misioneros y les expresé que deseaba bautizarme. Los misioneros se extrañaron mucho del cambio pero les dije que yo sabía que era la Iglesia verdadera. Mi bautismo fue algo especial, sentí que estaba haciendo lo correcto y también sentí tristeza pues ni mis amigos, ni mi familia, ni mis abuelos me acompañaron ya que no aceptaban ni entendían lo que yo estaba haciendo. En esa oportunidad comencé a sentir la calidez de la hermandad de la Iglesia, personas que yo no conocía estaban allí acompañándome.”
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Los miembros de la Iglesia en Puerto Williams y el nuevo local de la rama. |
Para Ruperto Márquez salir a la misión era un gran desafío, su familia había hecho un gran esfuerzo en el campo para que él lograra su título de técnico electricista y no quería defraudarlos. En una ocasión se encontraba a solas viendo la película “Id por todo el mundo” donde el Presidente Spencer W. Kimball invitaba a los jóvenes a cumplir una misión, la palabra “HAZLO” tocó el corazón de Ruperto y poco tiempo después fue llamado a la Misión Chile Concepción. Al final de su misión, siendo un Asistente, ‘el Presidente me llamó y me dijo’ élder, hay una persona que ha hecho una gran contribución para que usted pueda servir su misión, cuando usted regrese a casa, ¿podría conseguir un trabajo y ayudar a sostener a la hermana Leonora Cea.
El hermano Márquez terminó su misión, regresó a Punta Arenas y comenzó a trabajar como electricis-ta para la Armada Chilena, recorrió los lugares más remotos del sur de Chile arreglando faros. También encontró la manera de cumplir con el pedido de su Presidente de Misión de apoyar a la hermana Cea en su misión. Comenzaron a escribirse y después de la misión se casaron.
En esos días era difícil obtener trabajo para los jóvenes de Chile. “Cuando nos casamos con Leonora nuestras familias se sorprendieron pues yo no tenía trabajo, pero juntamos los ahorros de mi esposa y míos y viajamos a Santiago para sellarnos en el Templo.” recordó el hermano Márquez.
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Los Williams en la época que se casaron |
Unos meses más tarde Ruperto aceptó una oportunidad de trabajo en Puerto Williams y partió hacia allá. Leonora estaba esperando su primera hija y permaneció en Punta Arenas hasta su nacimiento. En una mañana invernal de viento y nieve Leonora y Lorena, su nena de 19 días llegaron en un pequeño avión a Puerto Williams. Al borde de la pista estaba esperando Ruperto con el ferviente deseo de conocer a su pequeña hija. Trasladó a su familia a la modesta casa y así comenzó una experiencia que ya lleva casi 20 años. Leonora dijo: “Cuando llegué aquí no tenía temor, estaba feliz de que ahora tenía un hogar, una familia de la cual no me iba a separar. Confiaba en que nuestro Padre nos cuidaría y pensé que eran Sus propósitos que nosotros estuviésemos allí”.
Cuando los Márquez se establecieron en Puerto Williams no había miembros de la Iglesia en el lugar. Durante cinco años los domingos estudiaban las escrituras y participaban de los Sacramentos. Leonora dijo: “Teníamos las escrituras, las revistas Liahona viejas, hacíamos nuestras oraciones como familia, realizábamos la noche de hogar. Era un gran desafío estar solos, nos apoyábamos el uno al otro. Jamás dejamos de orar, eso nos mantenía en contacto con el Padre Celestial.”
Luego llegaron otras familias, los Rojas y luego los Sagredo. Cuando las niñas de los Márquez llegaron a la edad de Primaria comenzaron a preocuparse pues no tenían una rama organizada, solo tenían un grupo familiar que realizaba algunas reuniones. Entonces el Presidente Thomas Lyons de la Misión Chile Osorno organizó la Rama de Puerto Williams. Esto fue una gran bendición para estas familias, más tarde, llegaron otras familias, los Aceituno y los Enríquez.
Tan solitarios como las montañas, canales e islas del Sur este pequeño grupo de Santos de los Últimos Días mantuvieron la fe y las prácticas y costumbres de la Iglesia. Ellos eran la Iglesia. El pueblo los respeta, todos los habitantes saben qué es una noche de hogar, la palabra de sabiduría, o conocen los valores del evangelio. Cuando los misioneros ocasionalmente llegan al pueblo los vecinos se alegran y los consideran sus amigos.
Al observar la unidad de las familias de Puerto Williams la hermana Leonora Márquez expresó: “Nosotros tuvimos muchos desafíos económicos en nuestra vida, Puerto Williams fue el lugar que nos recibió. Tenemos un clima un poco difícil, pero tenemos lo necesario, tenemos la leña para calefaccionarnos. Para mí es un lugar maravilloso pues es donde está nuestro hogar. Es un paraíso salir a la mañana y ver el amanecer y la naturaleza tan cerca. En muchos sentidos es un lugar protegido”.
“Hemos podido desarrollar muchas actividades familiares y ser muy unidos. En las ciudades grandes hay muchas distracciones y entretenimientos que separan a la familia. Nosotros no tenemos muchos problemas con eso. Yo me esfuerzo para que el hogar sea un lugar atractivo y cómodo para mi familia. Procuramos desarrollar paciencia y escucharnos unos a otros. Permitimos que nuestras hijas expresen puntos de vista diferentes. Pero lo que nos ha mantenido unidos durante todo este tiempo es el amor que nos tenemos uno por el otro en nuestra familia y con los hermanos de la Iglesia.”
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Cada una de las familias de Puerto Williams son una historia de fe, el hermano Enríquez expresó: “Durante algún tiempo tenía la preocupación de qué sería de nuestros hijos cuando salieran de casa para estudiar. Ahora tengo un testimonio del Evangelio, mi hijo mayor está fuera de casa, pero hoy domingo él está haciendo lo mismo que yo en la Iglesia. Y también se está preparando para servir como misionero. Ya no tengo más temor”.
La historia de estos queridos Santos de los Últimos Días en el extremo sur de la Tierra nos recuerdan aquellos pioneros que pusieron los fundamentos de la Iglesia entre 1830 y 1850 por su devoción y espíritu de sacrificio y permanencia. Son una evidencia de lo que el evangelio puede hacer en la vida de las personas más allá de las circunstancias en que se ubican. Néstor Curbelo - Historiador del Area
CurbeloNE@ldschurch.org
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