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Noticias Locales
Año 2008
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Un
Legado
Mapuche
Tradiciones orales
ancestrales contribuyen a la conversión
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por
Néstor Curbelo |
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Aladino
Colivoro Cayún es el Patriarca de
la Estaca Comodoro Rivadavia, con
su esposa, María Graciela Llaipén
Nauto, se bautizaron en 1973, pocos
años después del comienzo de la Iglesia
en esa ciudad petrolera del sur argentino.
El
Patriarca Colivoro llegó a Comodoro
en 1951 cuando tenía apenas 8 años
de edad y María Graciela Llaipén lo
hizo algunos años más tarde. Se conocieron
y se casaron en el año 1966, tuvieron
cinco hijos. En 1973, dos miembros
de la Iglesia, José Amigorena y Rosa
Sidón, compañeros de trabajo, le regalaron
al hermano Colivoro un Libro de Mormón
y le hablaron de la Iglesia. Poco
después les devolvió el libro y les
dijo que no podía entenderlo, sin
embargo los misioneros continuaron
enseñándoles y bautizaron a la familia
un tiempo después. |
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María
Graciela Llaipen Nauto, originaria
de la isla Chiloé,
República de Chile |
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Aquello
que distingue a la familia Calivoro
son sus raíces Mapuche en la Isla
Chiloé, Chile. Son poseedores de tradiciones
orales que sus ancestros transmitieron
boca a boca de padres a hijos. Estas
tradiciones orales fueron la clave
de su conversión a la Iglesia.
Para los Santos de los Últimos Días,
las historias de los antiguos habitantes
de las Américas son particularmente
interesantes debido a la relación
de estos pueblos con los del Libro
de Mormón. No obstante, muchas de
estas tradiciones orales han sufrido
transformaciones, reinterpretaciones
y adaptaciones con la influencia de
la conquista europea y el devenir
de los tiempos y la cultura. Muchos
conversos Santos de los Últimos Días
con raíces en los antiguos pueblos
de las Américas poseen relatos y tradiciones
ancestrales que se asemejan o relacionan
con la historia del Libro de Mormón.
Hace muy pocos meses tuvimos el privilegio
de escuchar los relatos de vida y
conversión de María Graciela Llaipen
Nauto, la esposa del Patriarca Colivoro.
Una historia cargada de emoción y
lejanos recuerdos con la fuerza y
convicción de alguien que cree lo
que dice. La hermana Colivoro es una
mujer Mapuche a la que los retos de
su vida apenas le permitieron leer
y escribir, pero que ha aprendido
a comunicar su pensamiento con la
influencia de la Iglesia. Sus memorias
nos transportan a un escenario y un
mundo ahora desconocido y olvidado.
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| En la mitad del siglo
XX la vida de los campesinos Mapuches
en Chiloé era muy difícil, casi todo
lo que tenían y consumían provenía de
sus cultivos y hechura de sus propias
manos. Sus ancestros fueron sojuzgados
y relegados social y culturalmente,
algunos escaparon y se refugiaron en
los lugares más lejanos de los cerros
y bosques. Los europeos se burlaron
de sus orígenes, de su idioma y costumbres.
Humillados, no tuvieron acceso a la
educación más básica y por tanto las
tradiciones orales transmitidas de padres
a hijos pasaron a ser una manera de
preservar algo de la identidad de esta
cultura ancestral. |
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La
familia Colivoro guarda memorias
de esta historia, conocen el
significado de muchos nombres
en idioma Mapuche. Colivoro
es “hueso rojizo”, “Cayún” significa
“seis tigres”, “Llaipén” “el
que se revuelca”, “Llaiquel”
“extraviado” y “mapuche” “los
hombres de la tierra”.
La hermana Colivoro hizo el
siguiente relato:
“Mi madre viene de Aituy, localidad
cercana al pueblo de Queilen,
Chiloé. Ahí vivió mi madre y
mi padre, nací en 1945 y mis
padres me enseñaron acerca de
mi ascendencia Mapuche. Mis
abuelos por parte de mi madre
tenían este testimonio.”
“Mi mamá iba a mariscar(1)
todas las mañanas con
el agua hasta la cintura para
alimentarnos a nosotros, luego
regresaba a casa para hacer
todas las tareas del hogar. |
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Familia
Colivoro, en época de
graduacion de los hijos |
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Ella hablaba Mapuche pero nunca
quiso enseñarnos, decía que
antiguamente se burlaban de
la manera de hablar de los mapuches
y decían que era el idioma del
diablo. Yo tenía 9 años cuando
mi papá murió, también tres
de mis hermanos habían muerto,
había muchas enfermedades y
por esa razón mi mamá quiso
irse del lugar. Yo extrañé mucho
a mi papá, pasé muchos años
sufriendo por él, era un hombre
bueno, callado, siempre nos
habló de la fe, nos leía la
Biblia. Después de su muerte
nos mudamos a Puerto Aysen,
mi mamá lavaba ropa de la mañana
a la noche para alimentarnos,
picaba leña y hacía todos los
trabajos de la casa, nos cocinaba
el pan.”
“Cuando todavía vivíamos en
Aituy conversábamos mucho con
mi papá y mi mamá, en esa época
no había radio ni televisión.
Teníamos una casa con un fogón
grande, nuestras camas eran
de paja y nos acostábamos alrededor
del fogón, teníamos sábanas
hechas con bolsas de harina
y nos cubríamos con frazadas
que tejían las abuelas. Ellas
hilaban con lana de oveja y
luego hacían toda clase de ropas
para nosotros. Mi papá sembraba
la tierra, teníamos animales
y muchas bendiciones.” |
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“Nos
acostábamos temprano, conversábamos
en la cama, mi mamá nos contaba
historias y nos enseñaba siempre.
No sabía leer, pero conocía
muchos cuentos hermosos que
hablaban del cielo, las nubes,
las estrellas, la luna y el
sol, los pájaros, los ríos
y siempre había gigantes y
princesas.”
“Mi
papá nos contaba cosas de
Dios, él sabía leer y escribir,
conocía las cuatro operaciones.
En esa época ellos nos aconsejaban
y nos decían que iba a haber
un Dios, pero que en ese tiempo
nosotros no lo teníamos. Él
nos decía vamos a tener un
Dios dentro de unos años.
Mi padre me decía que iba
a haber santos predicando
y que iba a haber un hombre
a quien Dios le iba a dar
poder para predicar en la
tierra.”
“Nos
decía que en un tiempo ellos
fueron de Dios, pero fueron
dejados por que no obedecieron,
pero con el tiempo iba a volver
para devolverles todo lo que
les había quitado. Eso nos
decía él, la historia del
Libro de Mormón cuando la
leí me ayudó mucho a comprender
lo que mi papá me hablaba
cuando yo era niña.”
“Él me decía que con el tiempo
iban a andar los santos predicando
el evangelio en la tierra.
Ese es el recuerdo más lindo
que tengo de mi padre. También
me dijo que yo tenía que aceptarlo
y ensañárselo a mis hijos
y decirles que Dios existe.”
“Esto es todo lo que recuerdo
de mi padre, de todos mis
hermanos yo fui la única que
comprendí ese mensaje y lo
seguí al conocer la Iglesia.
La historia de donde yo nací
la recuerdo casi como un sueño.” |
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Graciela
Llaipen Nauto en la epoca
en que llegó a Comodoro
Rivadavia |
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Ciudad
de Comodoro Rivadavia,
provincia de Chubut, Argentina |
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| “Ya
estaba en Comodoro y con tres
hijos que no sabían nada de
Dios, comencé a recordar lo
que mi padre me decía cuando
vivía. Yo llevaba eso en mi
corazón y no lo hablaba con
nadie, pero comencé a sentir
una carga, pues mis hijos no
sabían nada de Dios, al punto
que me sentía enferma. Entonces
comencé a recordar todo lo que
mi papá me había dicho que debía
hacer cuando encontrara a Dios.
Así que un día después que mi
esposo se fue a trabajar me
arrodillé en el suelo, junto
a mi cama, nunca lo había hecho
antes, ni sabía cómo hacer una
oración. Le conté al Padre todo
lo que pasaba y qué era lo que
yo quería, fui franca con Él,
le conté todo lo que me pasaba.
Después me senté en la cama,
no sé si me dormí o qué, pero
vi a los misioneros en sueño
y sabía cómo se llamaría la
Iglesia.” |
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| “Tres
días más tarde, los misioneros
llegaron a casa invitados
por mi marido, yo estaba feliz
pues supe que había sido escuchada.
Mientras nos enseñaban me
quedé sin habla y no hacía
ninguna pregunta por que yo
sabía que ellos eran de Dios,
que eran los santos ordenados
para predicar.”
“Cuando
comencé a leer el Libro de
Mormón me electricé de la
cabeza a los pies y lloré
con todo, las guerras que
pasaron y cómo el Señor los
dejó, pero les dio la esperanza
de que un día iba a volver.
Sentí por ellos, lo que tuvieron
que sufrir, por mis ancestros
que no conocí y que el Libro
de Mormón me daba testimonio
de ellos. Lo que los misioneros
me decían, también mi padre
me lo decía. Cuando los misioneros
llegaron ya habían pasado
muchos años después que recibí
ese testimonio de boca en
boca de mis padres. Yo se
lo he dado a mis hijos y ellos
quizás lo digan a otras personas.”
“Ahora
estoy feliz, los recuerdos
de las tristezas han quedado
atrás, estamos en paz, siento
lo verdadero que es el evangelio.
No renunciaré a nada de lo
que estoy viviendo y mientras
pueda caminar iré a la capilla.
Mis hijos e hijas han estudiado,
trabajan y no aspiran a la
maldad, ellos están en la
Iglesia. Por medio de nosotros
nuestros ancestros también
van a ser bendecidos, estamos
trabajando para hacer la obra
del Templo por ellos.”
El
escuchar el relato de la hermana
María Graciela Llaipén de
Colivoro es una experiencia
espiritual imborrable. Podríamos
indagar y analizar su lenguaje
y relato para determinar qué
parte ha sufrido influencias
y transformaciones posteriores
y cuáles provienen auténticamente
de sus ancestros Mapuches.
Sin embargo, al escucharlo
no hay dudas que en el fondo
está la antigua huella de
la tradición oral ancestral
de América antigua.
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Notas:
1 Cosecha
de mariscos.
2 El relato de la hermana Colivoro
fue obtenido mediante una entrevista
del autor realizada el 14 de
junio de 2007 en la ciudad de
Comodoro Rivadavia, Argentina.
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